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Carta de un preso cubano

Carta de un cubano
19-06-2009

Es la tarde del último jueves de la primavera. El verano se ha
adelantado y el calor recibido durante todo el día lo escupe el asfalto
del lateral de la Castellana con furia. Son las nueve y todavía queda
una hora de sol. Voy a llegar a la Glorieta de Emilio Castelar y me
llama la atención una ruidosa manifestación, con banderas de Cuba. Bajo
la radio y presto atención a los carteles, aunque aún quedan lejos para
discernir el nombre de los presos cubanos en EEUU cuya liberación
exigen. Están, claro es, a la espalda de la embajada de aquél país en el
nuestro. El semáforo se pone en verde y avanzo a distancia del coche de
adelante, con la ventanilla bajada y a baja velocidad. Y, movido por una
infantil indignación, les miro y grito: "¡ para los presos de
Cuba!". Oigo sus silbidos y me alejo sin pisar apenas el acelerador.

Batista, aquél , tenía una cincuentena de prisiones en la isla.
Hoy ronda los tres centenares y la población presa que es como la de
Cádiz, Orense o Algeciras. En verdad, Castro ha reducido el número de
cárceles a una sola y es toda la población cubana la que vive en una
cárcel; dos millones largos de almas.

La desagradable escena me ha hecho pensar en un preso cubano; en una
persona de carne y huesos encarcelados por oponerse a la dictadura en
Cuba. Ahogaba sus penas en tinta. Escribió una carta en la que se
expresaba con esa libertad que sólo está al alcance de los presos. Decía
en su misiva: "Arreglé mi celda el viernes. Baldeé el piso de granito
con y jabón primero, polvo de mármol después, luego con Lavasol y
por último agua con creolina. Arreglé mis cosas y reina aquí el más
absoluto orden. Las habitaciones del Nacional no están tan limpias…".

Al preso le rodea el Caribe, que se filtra en la cárcel hasta hacerla
parecer algo completamente distinto: "Cuando cojo sol por la mañana en
shorts y siento el agua de mar, me parece que estoy en una , luego
un pequeño aquí. ¡Me van a hacer creer que estoy de
vacaciones!". Pero él no está de vacaciones. Se opuso a la dictadura
cubana y paga su atrevimiento con su libertad. Nada puede compensar esa
carencia. Ni siquiera la constatación de que, en verdad, el prisionero
no lleva una vida desagradable: ""Ya tengo sol varias horas todas las
tardes y los martes, jueves y domingo también por la mañana. Un patio
grande y solitario, cerrado por completo con una galería. Paso allí
horas muy agradables…".

Han pasado 55 años desde que el 4 de abril de 1954
escribiese esas palabras. Muchos de sus cien mil prisioneros darían un
brazo por escribir con el otro la misma carta.

El Imparcial: Opinion: José Carlos Rodríguez: Carta de un preso cubano
(20 June 2009)
http://www.elimparcial.es/sociedad/carta-de-un-preso-cubano-42122.html

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