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Castro y la censura

Publicado el miércoles, 02.29.12

Castro y la censura
Un fue expulsado por difamar a los pollos
Glenn Garvin

Anote otra victoria para la industria de las tarjetas de felicitación:
el Día de San Valentín ahora se extiende por semanas, meses y hasta
décadas, por lo menos en lo que respecta a la izquierda norteamericana y
los hermanos Castro. Las palabras románticas no terminan.

La última carta de amor a La Habana es de Peter Phillips, sociólogo de
la Estatal de Sonoma, en California, donde dirige un
proyecto progresista llamado Project Censored (Proyecto Censurado). Es
un orgullo para Project Censored que los grandes medios noticiosos en
los y otras democracias liberales supriman sin piedad las
verdaderas noticias con el fin de proteger el dominio mundial de las
corporaciones.

Siempre me he sentido abrumado por la tesis de Project Censored. Por
ejemplo, en 40 años de ejercer el periodismo nunca he oído a un editor
de noticias locales gritar: "Estoy matando este artículo porque socava
con insidia las ambiciones de poder mundial de la familia Rockefeller".
Y otros ejemplos de historias que Project Censored considera que han
sido suprimidas, veamos: ¿es una noticia para usted que acabamos de
librar una guerra en Irak y que murió mucha gente?

Pero la semana pasada, Project Censored tuvo la oportunidad de probar
sus argumentos a favor de una prensa libre e independiente en un lugar
donde ese mensaje se necesita desesperadamente: Cuba. Phillips fue a La
Habana para participar en una conferencia para autores y periodistas,
presidida por , el censor tiránico más implacable del
hemisferio occidental y quizá del mundo, excepto tal vez Corea del Norte.

Hace más de 50 años desde la última vez que una palabra crítica del
gobierno se haya dicho en la televisión o la radio cubana, o se haya
escrito en un periódico cubano. Incluso los corresponsales extranjeros
cuyos artículos no se pueden leer en la isla no tardan en aprender que
no hay tal cosa como noticias malas en Cuba.

Dennis Rousseau, reportero de Agence Presse, fue expulsado del
país por difamar a los pollos socialistas. (En serio. Su artículo sobre
una escasez de huevos tenía el título: Gallinas cubanas no obedecen el
plan quinquenal del gobierno). Y Rousseau debe considerarse afortunado:
Sebastián Martínez Ferraté, reportero de la televisión española, fue
encarcelado después que entrevistó a 15 prostitutas adolescentes para un
documental sobre el creciente problema de la prostitución infantil en
Cuba. Salió en el mes pasado, después de dos años de intensas
negociaciones del gobierno español.

Así que Phillips tuvo una gran oportunidad de hablar directamente sobre
el tema de la censura. Y lo hizo, valientemente. Contra nosotros. "Las
mentiras y la propaganda de los medios corporativos/capitalistas fueron
temas importantes del día", escribió Phillips. "Un participante destacó
cómo los medios corporativos mundiales buscan crear una monocultura de
la mente en los países capitalistas".

No es que no tuviera nada que decir de Castro. "Tuve el honor de
participar en las discusiones con el Comandante", opinó valientemente
Phillips. "Su energía es inspiradora y su dominio de la historia y los
asuntos contemporáneos es fenomenal".

Sobre la ley cubana que decreta un año de cárcel por insultar a un
funcionario público (tres si es un , un miembro del gabinete
de gobierno o un integrante de la Asamblea Nacional), Phillips no tuvo
nada que decir. Tampoco de las leyes que criminalizan la difusión de
"noticias no autorizadas" o "propaganda enemiga". Si tuviéramos esto
último en Estados Unidos, Phillips habría estado la semana pasada en una
celda en Fort Leavenworth y no en La Habana, debido a sus habituales
afirmaciones de que los ataques del 9/11 fueron un complot del gobierno
norteamericano.

La razón por la que Phillips no tuvo nada que decir sobre la censura en
Cuba es que no hay ninguna, como descubrió en un viaje en el 2008. Al
visitar estaciones de radio del gobierno, donde lo entrevistaron sobre
las depredaciones del New York Times y CBS, Phillips preguntó a algunos
de los entrevistadores cubanos –en el aire– si afrontaban la censura del
gobierno. "Todo lo que dijeron fue que tenían total libertad de escribir
o difundir cualquier historia que eligieran", informó.

Dejando a un lado de momento la posibilidad de que los presentadores
radiales se sintieran renuentes a denunciar a Castro en el aire mientras
la policía secreta escuchaba, me gustaría sugerir que la próxima vez que
Phillips quiera hablar con un reportero cubano valiente, vaya al lugar
donde suelen pasar el tiempo: la cárcel. Según el Comité para Proteger a
los Periodistas, por lo menos 21 estaban encarcelados cuando Phillips
visitó la isla en el 2008. Las cajas de huevos en Cuba pueden estar
mayormente vacías, pero las prisiones nunca lo están.

http://www.elnuevoherald.com/2012/02/29/v-fullstory/1140738/glenn-garvin-castro-y-la-censura.html

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