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La proscripción de internet en Cuba

, La denuncia de hoy, Represión

La proscripción de internet en Cuba
Antes que perder el poder, condenan a una población a vivir en las
tinieblas de una suerte de Edad de Piedra
Félix Luis Viera, México DF | 04/06/2014 1:19 pm

En otros sitios y ocasiones hemos dicho que la buena voluntad de Raúl
Castro para llevar a Cuba hasta un punto desde donde tomar el
—inexorable— camino hacia la democracia, quedaría demostrada ese día en
que el heredero autorizara el acceso a internet para los
cubanos. Sin esta realización, todo lo que haga o amague resultan aspirinas.
Pero eso demorará, tanto como pudiera demorar en desaparecer la
dictadura. La internet se ha convertido en el diablo de los autócratas,
desde Asia hasta Oriente Medio pasando por , y en el dios de
los pueblo oprimidos.
Hoy, la red resulta “la joya de la humanidad”. Pero a Castro II y su
gavilla eso no les importa. Antes que perder el poder, ese vicio,
condenan a una población a vivir en las tinieblas de una suerte de Edad
de Piedra.
Estudiantes y profesores que no tienen manera de acceder a los más
recientes conocimientos; científicos ignorantes de los más novedosos
descubrimientos; médicos incapacitados, como no lo está cualquiera de
sus colegas en estos países subdesarrollados, para informarse sobre
recientes enfermedades, tratamientos, métodos de curación; músicos,
literatos, artistas de la plástica, arquitectos, ingenieros, filósofos,
y un etcétera sin fin, que desconocen por dónde van las nuevas ondas.
Todo esto es lo de menos para al castrismo.
Internet se ha convertido en algo cotidiano para una gran parte de la
población en América Latina. Por ejemplo, en países que no suelen ser
ejemplos de nada bueno, como Guatemala y El Salvador, el acceso a redes
ya está en el 20 %, tomando como base un total demográfico que incluye
niños, campesinos, ancianos, etcétera. Debemos considerar, asimismo, que
en el porcentaje citado no se incluyen las múltiples conexiones desde
centros de enseñanza y desde los llamados cafés internet.
La comunicación entre jóvenes, principalmente por medio de las llamadas
redes sociales, resulta habitual y medularmente provechosa. Cualquier
profesional de cualquier disciplina de estas tierras lee diariamente lo
que a su especialidad corresponda, publicado en medios lo mismo de
Europa que de Norteamérica que de Asia o Australia.
Cualquiera de ellos ahora mismo puede acceder a las bibliotecas de Nueva
York, al Museo del Prado, a las catacumbas de Odesa o un diccionario
multilingüe.
Varios estudios demuestran que “la supercarretera de la información” ha
significado además un notable avance para reducir los gastos por
concepto de transportación y, por consiguiente, una rebaja considerable
en la contaminación y otros factores relacionados con la actividad del
hombre en el planeta. Cada día más las ventas se llevan a cabo mediante
internet.
Los aparatos iPad o Kindle permiten leer y almacenar hasta el infinito,
se podría decir, los libros de toda categoría adquiridos a precios
modestos, por la vía de internet.
Cientos de miles de películas, series de todo tipo, archivos históricos,
conciertos de música, exposiciones de arte, eventos deportivos,
etcétera, viajan hasta nuestras pantallas de manera gratuita.
Pero en Cuba, nadie lo dude, mientras exista la tiranía, no habrá acceso
a internet para el ciudadano promedio; es decir, para obreros,
profesores, graduados universitarios en general, técnicos medios,
deportistas, investigadores, artistas y escritores o amas de casa.
No lo habrá. El régimen no soportaría semejante embate. Puesto que la
población conocería la “verdad del mundo”, no las falacias que está
obligada a leer en el diario Granma y sus conexos pagados todos por el
gobierno comunista, y los únicos que circulan en la Isla.
¿Acaso alguien piensa que el castrismo permitirá que sus sojuzgados
tengan conocimiento de lo que verdaderamente ocurre en Venezuela, Rusia
o Corea del Norte?
¿O estaría de acuerdo la dictadura en que aquella población conociese
sobre las fortunas de , de su vida de supermillonario
mientras les pedía sacrificios y más sacrificios a los cubanos;
sacrificios compuestos por agudas carencias, interminables jornadas de
trabajo gratuito, abandono de sus hogares para ir a pelear en el
extranjero guerras perdidas o permanecer en los campos cortando caña
para tantas zafras perdidas, mientras él, Fidel Castro, comía manjares a
su medida y disfrutaba de sus playas, islas, yates, mansiones, cotos de
caza y pesca particulares?
¿O permitiría el régimen que el grueso de los residentes en Cuba tomara
conocimiento de los grupos disidentes que allí luchan por la democracia,
incluidas las protestas que estos valientes llevan a cabo en uno y otro
punto de la geografía isleña? De ningún modo, esto provocaría algo a lo
que tanto teme el castrismo: la reacción en cadena.
Imposible.
Seamos claros: si el pueblo de Cuba contase con acceso a internet, el
castrismo explotaría en días. Es elemental. La cúpula gobernante lo
sabe, así que olvídense de eso.
Pero bueno…, ahí tienen que sí… en la Isla existen personas que
gozan de la internet. Son los elegidos del castrismo: periodistas
oficialistas, escritores oficialistas, científicos oficialistas, y otros
de la élite. Todos postrados ante la dictadura por esta y otras migajas.
A los antes citados se agregan los dirigentes y funcionarios del
régimen. Ni a los unos ni a los otros les importa la desinformación, la
lastimosa ignorancia que padece la casi totalidad de los cubanos.
De modo que aquel régimen, que aún hoy en día, dando muestras de un
cinismo fuera de serie, continúa declarándose humanista, justiciero,
igualitario y todo lo demás que se le pareciera, mantiene a su población
sumida en una época ya superada por la humanidad; lo cual reafirma una
vez más su impiedad sin límites.
He escuchado a algunas personas de tendencia “izquierdista”, no sé si de
buena o mala fe argüir que de ninguna manera el gobierno de la Isla
podría autorizar la internet para el cubano “normal”, puesto que el
salario promedio mensual allá anda por los 400 pesos (unos 18 dólares o
240 pesos mexicanos) y la tarifa mensual de la internet por esta región
se encuentra en el nivel de los 27 dólares mensuales. O sea, resultaría
totalmente imposible si atendemos a estos números.
No es tan así. Depende del ángulo del que deseemos mirarlo. ¿No subsidia
el castrismo más de 15 periódicos y otras publicaciones baldíos, un
sofisticado sistema de radio y televisión también baldíos y aun las
redes digitales de su propiedad de alta tecnología? Que alguien saque
cuentas y diga cuántos millones de dólares, extraídos del cuero de los
cubanos y venezolanos, se gastan o se malgastan por estas razones.
Asimismo, me han comentado otras personas, también de línea
“izquierdista”, que hay avances en materia de acceso a internet en la
Isla: no hace mucho se han abierto más de 100 salas para tales
propósitos en una y otra ciudad.
Solo que, compañeritos, una hora de navegación en esas salas cuesta 4.50
dólares; lo mismo que gana en una semana un ingeniero bien calificado.
De modo que a estas instalaciones concurren en su mayoría extranjeros
urgidos de informarse o comunicarse.
Ya ven. Así van las cosas.

Source: La proscripción de internet en Cuba – Artículos – Cuba – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/la-proscripcion-de-internet-en-cuba-318217

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