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Entre la vagancia y la presunción

Entre la vagancia y la presunción
[25-10-2014 01:55:28]
Aimée Cabrera
Corresponsal

(www.miscelaneasdecuba.net).- Un colega y amigo que reside en el exilio
me hizo llegar a mi electrónico, un artículo bajo el título de
“Perdón, Perdón“ de la periodista cubana Dania Ferro. Con el poco tiempo
que dispongo para enviar mis trabajos por y contestar o leer
algún que otro mensaje, aproveché un momento de conexión lenta mientras
adjuntaba una foto, para darle un vistazo a “Perdón” que ya lo tenía
impreso.
Quedé fascinada desde los primeros párrafos y tuve que leerlo completo
de un tirón. En su artículo, Dania Ferro describe a los grupos de
refugiados cubanos que, en su mayoría hacen caso omiso de la información
esperanzadora que se les brinda, una vez que arriban a los Estados
Unidos de América.

Según la comunicadora, la mayoría se quejaba con ansiedad y ni tan
siquiera escuchaba al funcionario de la Oficina de Servicios del estado
de la Florida, Caridades Católicas y el Departamento de Niños y
Familias, quien trataba de informar una serie de ayudas y
recomendaciones, todas muy positivas.

Ella percibió un alto nivel de descontento que por supuesto raya en el
absurdo. ?Cuántas personas en todo el mundo sueñan con poder emigrar a
los porque es la nación que, por excelencia ha permitido que
lleguen a su tierra grupos de emigrantes de todos los continentes?

De todos son sabidas las vicisitudes de tantos latinos por poder
lograrlo y muchos mueren en el intento, entre ellos cubanos que se
arriesgan en maltrechas embarcaciones y desaparecen en las aguas del Mar
Caribe. Dania no puede creer que quienes han llegado de manera legal y,
ayudados por sus familiares que viven en la Florida sean tan mal
educados e ingratos.

Querida Dania, en Cuba ha ocurrido un proceso de involución. El desatino
está en todas partes, la vulgaridad ahoga. Las buenas costumbres, el
respetar reglas de urbanidad, el ser tolerantes, optimistas, prestos a
luchar en el buen sentido de la palabra para retribuir en afecto a esos
familiares que los han ayudado, eso no importa a muchos.

Acostumbrados a la ambición desmedida, que no es más que pedir y pedir a
sus familiares en el exterior, a lo mejor sin tener tantas necesidades
pero por el mero hecho de competir con el vecino, o con el colega de
trabajo o estudios, han creado una forma de vida donde prima la
vagancia, no hay interés por superarse, si total, no les hace falta
porque les mandan el dinero y cuanto quieren “del Yuma”.

Todo comportamiento tiene un antecedente o varios. Los de Cuba son
horrorosos y deprimentes. En más de 50 años de opresión, de acoso, de
imposiciones y de chantajes, los principales dirigentes gubernamentales
lograron que la familia se desmembrara para siempre. El respeto y los
valores desaparecieron. La relación armónica de la familia reunida en el
hogar se perdió.

Los niños y adolescentes vivían becados y los adultos movilizados para
poderlos manipular mejor; todos estuvieron por mucho tiempo bien lejos
de sus casas. Las misiones internacionalistas eran obligatorias sin
importar que perdieran la vida. La propaganda en contra de los Estados
Unidos ha sido reiterativa, las frases paternalistas a favor del pueblo
estadounidense contradicen la crítica constante contra el gobierno, al
cual consideran culpable de que se viva mal en Cuba, entre otras
charlatanerías.

Las pataletas contra el gobierno vecino del norte no son solo celebradas
en Cuba, sino en otros países, inclusive en territorio americano. Da
vergüenza que haya cubanos que vivan en ese país y se dediquen a hablar
mal de la tierra que los recibió y les brindó prosperidad y estabilidad.

Por eso no es de extrañar que parte de los recién llegados, no estén
interesados en su bienestar porque este estará dado por su inserción en
una sociedad moderna y exigente, con una cultura de trabajo ancestral
que llegó con los primeros que se establecieron en esas regiones antaño
inhóspitas y peligrosas.

No todos eran malos y se impusieron los que demostraron que el triunfo
viene con la perseverancia y la laboriosidad, con la fe y alegría en
Dios infinitas y, sin estar exentos de defectos, lograron un ideal de
nación.

El odio hacia los EE UU no ha logrado que muchos cubanos aprendan el
idioma inglés. En los tantos grados de estudios primarios, medios y
medio-superiores los programas educativos no están bien conformados al
respecto. Apenas pueden algunos establecer comunicación con un
en apuros que solo pide llegar a una dirección determinada o solicita
una información que pudieran explicar con un lenguaje elemental.

No hay interés para esforzarse en aprenderlo, “no me gusta el inglés” o
“no me entra el inglés” son de las frases que más se oyen u otras
similares. Toda persona que piensa emigrar a los EE UU tiene que
aprender inglés por la sencilla razón de que ese es el idioma oficial.
No se preparan tampoco en informática, cuando tendrán que aplicarla en
la vida diaria, no se preocupan por saber conducir un auto, o tantos
otros aprendizajes inherentes al desarrollo; solo ocupan su tiempo
siempre libre, entre la vagancia y la presunción.

Así pasan muchos el tiempo en Cuba y dilapidan el dinero que con gran
esfuerzo envían los familiares que tienen que pagar impuestos,
alquileres y seguros. Se refieren con frases ilógicas e inmaduras al
nivel de vida norteamericano, como si no hubiera que trabajar duro allí.
?Cuántas personas viven de pensiones por su edad y residen hasta en
asilos y no dejan de enviar algún dinero a sus familiares?

?Cuántos han tenido que pagar caras celebraciones de fiestas de quince,
bodas aparatosas, y otras banalidades por sentirse en con su
familia que vive en Cuba, pero no siempre estas familias son recíprocas
en afecto y en comportamiento. La hipocresía de la “doble moral
revolucionaria” los vuelve mentirosos a conciencia así como codiciosos
en exceso.

Esos son los que no valoran cuánto se ha gastado en ellos y, el temor a
enfrentarse a una nueva vida les provoca la perreta por regresar a Cuba.
Son comportamientos propios de personas que, durante generaciones se han
criado sin fe, en la blasfemia, el chisme, la algarabía, la agresión con
palabras soeces, la contra sus semejantes. A esos, querida
colega Dania Ferro hay que perdonarlos aunque no es nada fácil hacerlo.

Lo que sí no podemos dejar de hacer, como deuda de gratitud, es pedir
perdón al pueblo norteamericano que ha puesto siempre a Dios, por
delante de todos sus actos, y que es ejemplo de amor al prójimo cuando
sus gobiernos han sido capaces de otorgar ciudadanía a habitantes de
todas las latitudes, permitiéndoles que vivan en democracia y que se
expresen con , convirtiéndolos en hombres y mujeres de bien y
hasta de éxito, cuando nunca hubieran salido de la pobreza en la tierra
que los viera nacer. No debemos de cansarnos de pedir perdón, por los
que no saben valorar las bendiciones recibidas.

Source: Entre la vagancia y la presunción – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/544ae6f03a682e023cc6e9f4#.VEtu6_mUdHE

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