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Rafael Rojas – A dónde iba Cuba, según Raúl Roa, en 1957

Rafael Rojas: A dónde iba Cuba, según Raúl Roa, en 1957
Roa piensa que hay que evitar que Cuba caiga en el abismo, pero lo que
propone para lograrlo no es otra cosa que el restablecimiento de la
Constitución del 40.Es evidente que la crisis cubana, según Roa, no era
obra sólo de la dictadura: la revolucionaria también era
responsable
martes, octubre 14, 2014 | CubaNet

Hay unos años un tanto neblinosos, en la biografía política de Raúl Roa,
que se enmarcan entre 1955 y 1958. Son los años en que, tras la amnistía
decretada por el gobierno de Fulgencio Batista, regresa a La Habana, de
su exilio en México, donde había sido profesor de la de
Nuevo León, en Monterrey, y director de la interesante revista
Humanismo, y se reintegra a la vida intelectual cubana. Son los años,
también, en que Roa vive un desencanto parecido al de su amigo Aureliano
Sánchez Arango, que tuvo que ver con el fracaso de los últimos intentos
revolucionarios de la Triple A y el ala radical del autenticismo en
1954. Desencanto que disipará con el respaldo a la Revolución de 1959,
evento que quiebra definitivamente su amistad con Sánchez Arango.

En La Habana de aquellos años, Roa tiene una columna en el periódico El
Mundo, muy leída y reconocida, donde expone su evolución política. La
reciente edición de la antología Periodismo y nación. Premio Justo de
Lara. 1934-1957 (La Habana, Editorial José Martí, 2013), compilada en la
isla por Germán Amado-Blanco y Yasef Ananda Calderón, rescata dos de
aquellos artículos, que ganaron ese importante premio de periodismo,
otorgado por el Instituto Nacional de Cultura del gobierno de Batista y
otras instituciones como la Sociedad de Amigos del País, la de
Periodismo Manuel Márquez Sterling, el Colegio Nacional de Periodistas y
la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana.

La mayoría de esos textos puede ser leída en el volumen En pie, editado
por la Universidad Central de Las Villas en 1959.mEl primero de los
artículos de Roa, premiado con el Justo de Lara, fue “12 de Octubre”, en
el que cuestionaba las distintas concepciones de la efemérides de la
llegada de Cristóbal Colón a América. Según Roa, la fecha no debía ser
celebrada como “Día de la Raza”, ya que españoles y americanos no
pertenecían a una raza sino a varias. Tampoco el 12 de Octubre debía ser
festejado como “Día del Descubrimiento”, porque no fue eso lo que hizo
Colón, quien murió pensando que América era el extremo de oriental de
Asia. Más que descubrimiento, decía Roa en 1955, siguiendo al
historiador mexicano Edmundo O’Gorman, hubo encubrimiento de América.
Pero ni siquiera el 12 de Octubre debía ser reconocido como “Día de la
Hispanidad”, toda vez que lo “hispánico” en América, aislado de lo
criollo, lo africano o lo indígena, no era más que “un mito”. Por
aquellos años, la crítica de Roa al discurso de la hispanidad lo
colocaba, como en otras cosas, en las antípodas de intelectuales
comunistas como Juan Marinello y Mirta Aguirre.

El 12 de Octubre, al decir de Roa, debía ser reconocido como el día de
España y América. Era preciso dotar de americanismo esa festividad,
entendiendo lo americano desde una tradición ideológica y literaria
plural, en la que se juntaban Bolívar y Bello, Sor Juana y Darío, Martí
y Gallegos. Que el último de los intelectuales americanos vindicados por
Roa fuera Rómulo Gallegos reiteraba la apuesta política del intelectual
cubano por una izquierda nacionalista y democrática, como la que, a su
juicio, personificaban Acción Democrática en , José María
Figueres en Costa Rica, el PRI en México y el autenticismo radical en Cuba.

El segundo artículo de Roa, premiado con el Justo de Lara, en La Habana,
apareció en El Mundo, el 21 de marzo de 1957, es decir, diez días
después del asalto a Palacio Presidencial por el Directorio
Revolucionario. El artículo se titula “¿A dónde va Cuba?” y la respuesta
no pudo ser más contundente: “por el camino que están tomando las cosas
Cuba va, inexorablemente, hacia el abismo”. Con la dictadura y la
revolución, la isla había entrado en una “lógica demoniaca”, en la que
el “estado de derecho, fundamento de la convivencia civilizada, era
sustituido por el estado de naturaleza, ley de la selva”. Es evidente
que la crisis cubana, según Roa, no era obra sólo de la dictadura: la
violencia revolucionaria también era responsable. Y en ese punto se
ubicaba a la derecha, por ejemplo, de Jorge Mañach, quien desde 1954
defendía a los moncadistas y a :

“Nada peor puede ocurrirle a un pueblo que esta catastrófica subversión
en sus relaciones de vida individual y colectiva. Se desploma el orden
social, corrómpense las instituciones, se trastruecan los valores, la
cultura se estanca, cunde el odio, se expande la violencia, la impunidad
señorea, la razón se eclipsa, la inseguridad se entroniza y el homo
hominis lupis de Hobbes deja de ser una metáfora para convertirse en
cotidiana y brutal realidad. ¿Podría significar esto, en algún sentido,
una solución a la tremenda crisis en que nos debatimos? ¿O entrañaría,
por el contrario, la inmersión de Cuba en un ciclo interminable de
sangre, lodo, miseria, desesperación y tiniebla?”

Naturalmente, Roa piensa que hay que evitar que Cuba caiga en el abismo,
pero lo que propone para lograrlo no es otra cosa que el
restablecimiento de la Constitución del 40:

“El país entero quiere paz, seguridad, justicia, , progreso.
Quiere vivir conforme a la constitución y la ley. Quiere elegir
libremente a sus gobernantes y ejercitar plenamente sus derechos
civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Quiere respeto
para la vida, la hacienda y la dignidad de las personas. Quiere, en
suma, que se le oiga, se le atienda y se le tenga en cuenta, como
depositario legítimo que es de inalienable albedrío”.

Tradicionalmente, esta posición de Roa, a la altura de 1957, no es
reconocida en la historia oficial. En el Diccionario de la Literatura
Cubana (1984), por ejemplo, se decía que el intelectual cubano había
estado exiliado en México hasta el triunfo de la Revolución, cuando fue
designado embajador en la OEA, no por el gobierno de Fidel Castro, como
también se afirma, sino por el de Manuel Urrutia Lleó y José Miró
Cardona. Todavía en la Órbita de Raúl Roa (2004), editada por Salvador
Bueno y Vivian Lechuga, aunque se reconocía el regreso a La Habana en
1955, se dice que entre este año y 1959, Roa “colaboró con el Movimiento
26 de Julio y la Resistencia Cívica”, pero no se admite su pertenencia a
la Triple A de Aureliano Sánchez Arango, que con la ayuda del ex
Carlos Prío, intentó acciones armadas contra Batista, en
Cuba, entre 1953 y 1954.

Breve biografía de Raúl Roa
http://es.wikipedia.org/wiki/Ra%C3%BAl_Roa

Source: Rafael Rojas: A dónde iba Cuba, según Raúl Roa, en 1957 |
Cubanet –
http://www.cubanet.org/blogs/rafael-rojas-a-donde-iba-cuba-segun-raul-roa-en-1957/

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