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El que viene

DORA AMADOR: El que viene
12/11/2014 1:00 PM 12/11/2014 6:00 PM

La gran tentación es la desesperanza, concluir que todo está perdido,
nada qué hacer. Y no hacer nada. Ya cedí a ella en el caso de Cuba, la
di por ahogada, triturada y tragada por los tiburones totalitarios, y se
me fue apagando la hoguera que siempre estuvo ardiendo en mi corazón.
Estas páginas son testigos de ese amor inexplicable por un país del que
salí hace muchos años, depositario de denuncias apasionadas e inútiles
por más de 20 años con el ilusorio fin de ayudar a difundir las
injusticias, la miseria y el crimen que el comunismo había llevado al
país donde nací. En vano todo.

Y ahora el hielo insiste en esparcirse dentro de mi alma al ver con ojos
llenos de tristeza y desengaño en lo que se ha convertido Estados
Unidos. Mi segundo país se ha convertido en una cloaca capitalista,
oligarquía del obsceno 0.1 por ciento de la población, que domina el
Congreso, Wall Street, la venta industrial de armas, la esclavitud de
millones de hombres y mujeres que trabajan para las compañías americanas
establecidas en sus países. ¿Cómo no ceder a la desolación y la amarga
corroboración diaria del triunfo de la codicia, la apetencia de poder y
el cinismo?

Dice San Ignacio de Loyola –maestro en desolaciones y consolaciones–,
fundador de la Compañía de Jesús –los jesuitas– en el siglo XVI, en lo
que se conoce como el Principio y Fundamento, base para practicar los
Ejercicios Espirituales:

“1. El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios
nuestro Señor, consistiendo en esto la realización de su persona.

2. Y las otras cosas que están sobre la tierra, son creadas para el
hombre, para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado.

3. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas cuando le
ayuden para su fin, y tanto las ha de dejar cuanto para ese fin le impiden.

4. Por lo tanto, es necesario hacernos libres (indiferentes) ante todo,
de tal manera que no queramos, de nuestra parte, más que
enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que
corta, y así en todo lo demás.

5. Solamente deseando y eligiendo lo que más me conduce para llegar al
fin para el que somos creados” (lo que Dios quiere de mí).

Son muy fuertes estos fundamentos, difíciles de vivirlos fielmente,
porque exigen un cambio radical de vida, una conversión tan profunda que
no me cabe duda: solo la gracia de Dios la puede impulsar y sostener.
Los hombres y mujeres de fe somos seres elegidos –nos llamó Dios desde
el vientre materno, nuestro nombre está escrito allá arriba, en el Libro
de la Vida (Apocalipsis 20; 12,15. Ap. 21; 27. Daniel 12;1-2. Filipenses
4; 2-3. Lucas; 10, 20)–, lo que no impide el sufrimiento y las lágrimas,
es una de los grandes enigmas con que Dios nos envuelve la vida.

Así fue con María, la joven judía de la ciudad de Nazaret, en Galilea, a
quien un día se le apareció el ángel Gabriel y le dijo aquello:
“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” y le anunció que
tendría un hijo a quien le pondría por nombre Jesús. “¿Cómo será eso, si
no he conocido varón?”, preguntó ella. “El Espíritu Santo vendrá sobre
ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Ya el ángel le
había dicho, cuando María se asustó con su llegada y sus primeras
palabras, “No temas, María”. Y así fue como llena de gracia y de fe,
María asintió al gran misterio: “Sí”, dijo, “que se haga en mí según la
Palabra del Señor”. Y así aconteció la Encarnación.

Así, como con María, debe ser con nosotros, los cristianos, la fe y la
gracia nos deben llevar a no ceder a la tentación de la desesperanza, la
depresión paralizante de no hacer nada por cambiar este mundo, para lo
mejor, siguiendo a Jesús.

¿Era mejor la situación social, política, económica que les tocó vivir a
María y a Jesús? ¿Había paz, justicia, no existían dictadores ni
asesinos, no se mentían y mataban los hombres? ¿No había ambición de
poder y dinero? Era, igual que ahora, un mundo podrido.

Entonces, ¿cómo no prepararnos para la llegada de Cristo? Porque eso es
lo que estamos anticipando, la celebración del nacimiento de Jesús. Es
Adviento. Y el que viene nos da la fortaleza.

Ayúdanos, Dios nuestro, a enseñar el mensaje de la Encarnación para que
nosotros, los portadores de la imagen de Dios hagamos más visible el
amor en la tierra.

Palabracubana.org

Source: DORA AMADOR: El que viene | El Nuevo Herald –
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article4429193.html

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