News and Facts about Cuba

Que los “yanquis” paguen

Que los “yanquis” paguen (crónica, sin credencial, de un día histórico)
Disidentes, gobierno y cubanos de café sin leche creen que Washington es
la solución para Cuba, dice un periodista independiente que, sin
acreditación, vio desde la barrera la ceremonia en la embajada de EE.UU.
Iván García Quintero
agosto 15, 2015

La noche del 13 agosto Liudmila Pedraza, 23 años, se la pasó bailando
guanicheo, el nuevo baile cubano que causa furor, en una discoteca del
apacible reparto Miramar, al oeste de La Habana.

Su pareja de baile era su nueva conquista: un joven alto de tenue barba
rojiza oriundo de Kansas, que vino a Cuba a recoger información para un
documental sobre las especies marinas y acabó enamorándose de una chica
desenfadada y alegre, que reside en un barrio duro de la parte antigua
de la ciudad.

“La pasamos súper. Primero en la Casa de la Música de Miramar y luego
nos fuimos a una descarga de jazz en el club ‘La Zorra y el Cuervo’, en
La Rampa. Y ahora estamos aquí, esperando a que icen la bandera
americana y escuchar el discurso de Kerry”, señala Liudmila, sentada en
la acera del Malecón habanero mientras Roger, el novio gringo, intenta
hacer unas fotos del gentío espontáneo que se dio cita para celebrar el
histórico acontecimiento.

Cientos de habaneros llegaron a los alrededores de la Embajada de
en La Habana, un edificio de seis plantas recubierto de
piedras jaimanitas y ventanales amplios de cristal verde, diseñado por
los arquitectos estadounidenses Max Abramovitz y Wallace K. Harrison e
inaugurado en 1953.

Elena, una señora delgada y locuaz con el pelo teñido de color caoba,
intentaba amortiguar el sol de fuego con una sombrilla, mientras se
abría un hueco entre las personas para poder ver más de cerca la llegada
de la comitiva presidida por el Secretario de Estado John Kerry.

“Las veces que fui a recibir a mandatarios que visitaban Cuba lo hice
convocada por el sindicato y el partido de la empresa donde trabajaba.
Ahora, ya jubilada, vengo de manera voluntaria. Es que parecía imposible
que Fidel, o Raúl, y Estados Unidos terminaran ‘cuadrando la caja’
(negociando)”, apunta.

Poco después de las seis de la mañana, la gente comenzó a llegar. Todos
querían ser testigos de la apertura oficial de la sede diplomática.
Tanto en la calle Calzada como en la que queda contigua al Malecón, se
permitió el acceso al público. Unas barreras delimitaban la zona, y los
cuerpos de seguridad mantuvieron un perfil discreto.

Fue una novedad ver trabajar a miembros de la seguridad cubana con
oficiales del servicio secreto estadounidenses, encargados de custodiar
al Secretario de Estado.

Un escolta con pinta de alero de la NBA, enfundado en un traje azul
marino que a todas luces le quedaba pequeño, intentaba a pesar del calor
de plomo mantener el tipo, y distendido posaba para periodistas que no
fueron acreditados por el gobierno de Estados Unidos.

Teresa, hija de un ex político, también quería ver flotar en La
Habana la bandera de las barras y estrellas. “Mi padre, que reside en
Miami, no está de acuerdo con el nuevo escenario. Pero ya los cubanos
estamos cansados. De todo. Del gobierno (de los hermanos Castro), del
bloqueo () y de la política errada de Estados Unidos hacia Cuba,
porque afecta a los ciudadanos, no a los gobernantes”, dice vestida de
blanco y con una pulsera de su religión en la muñeca derecha.

Una vecina de los alrededores se acercó con su jaba de saco para ver el
histórico momento. “Después que salí del agro me llegué hasta aquí.
Tengo fe, espero que las relaciones con Estados Unidos mejoren nuestro
nivel de vida. Ya al gobierno se le acabó el cuento del bloqueo”.

Con todas las personas con las que uno habla, sean disidentes,
revolucionarios o gente de a pie que observa el panorama desde las
gradas, consideran que, de una forma u otra, es responsabilidad de Obama
involucrarse en el futuro de Cuba.

Opositores como Antonio Rodiles, Berta Soler y Jorge Luis García Pérez,
“Antúnez”, culpan al inquilino de la Casa Blanca de “legitimar a la
dictadura de los hermanos Castro y reforzar la represión”.

Llevan 17 domingos consecutivos protestando y recibiendo golpizas e
insultos en un parque a tiro de piedra de la Quinta Avenida de Miramar.
Otro segmento de la disidencia, entre ellos Manuel Cuesta Morúa, Laritza
Diversent y Miriam Leiva, apoya el nuevo trato.

Pero no es fácil cortar el cordón umbilical del miedo. Cuando usted
charla con habaneros como Josué, chofer de un taxi colectivo, y escucha
su narrativa sobre el futuro de las relaciones entre ambas naciones,
puede pensar que los cubanos son ingenuos y soñadores o están despistados.

Por estos lares ha aterrizado la ciencia ficción política. Ya Josué
avizora cafeterías de rápida en cada esquina, tiendas Apple y una
Habana remozada y repleta de rascacielos.

“Miami volverá a ser un pueblo de campo. La Habana siempre fue una
ciudad cosmopolita y coqueta

Source: Que los “yanquis” paguen (crónica, sin credencial, de un día
histórico) –
http://www.martinoticias.com/content/eeuu-cuba-embajada-kerry-publico-opiniones/102228.html

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