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Pensamiento crítico cubano? una antología deplorable

¿Pensamiento crítico cubano?: una antología deplorable
Es lamentable lo sucedido con esta antología de “pensamiento crítico
cubano contemporáneo”. Y es lamentable que CLASCSO haya apoyado una obra
de esta naturaleza
Haroldo Dilla Alfonso, Santiago de | 22/02/2016 8:01 am

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) está
propiciando un loable proyecto: una colección de pensamiento crítico
latinoamericano, inicialmente organizado por países, para luego avanzar
hacia una agrupación por temas. Algunos de los textos ya producidos
—accesibles pulsando aquí— hablan del valor polemista de esta colección,
al incluir en sus espacios una cantidad de autores que en algún momento
de eso que llamamos contemporaneidad, fueron partes activos del debate
que tenía lugar en el pensamiento de la región.
Me he asomado a algunos de los textos y me han impresionado por la
calidad y diversidad de las lecturas seleccionadas. En al libro
argentino, por ejemplo, es posible encontrar autores como Aricó,
Portantiero, Nun, Laclau, Halperin Donghi, Romero y Sarlo, entre otros
que, con seguridad, podrán ser ahora leídos con puras ganancias por
profesionales y estudiantes. Hay que felicitar a CLACSO por esta
iniciativa que viste de largo a las ciencias sociales latinoamericanas.
En la colección hay un libro sobre Cuba. Está coordinado por Jorge
Hernández (JH), un politólogo que desde hace más de dos décadas dirige
el CESHEU de la de la Habana.
Su introducción, no por equívoca, deja de ser sincera: una antología de
lo que denomina “pensamiento contemporáneo crítico cubano” pero limitado
a lo que JH llama “…un grupo de figuras cuya producción intelectual se
define por el compromiso consecuente con la reflexión sistemática sobre
las problemáticas de ese país y del entorno latinoamericano.” Lo que
implica —desde su no explicada óptica— descartar a autores que (cito)
“…han abrazado un proyecto de vida que les ha apartado de dicho
compromiso (¿?), y se han colocado en posiciones de confrontación con el
pensamiento crítico” a los que en algún momento llama neoliberales, en
otro derechistas y luego antipopulares. De manera que JH, de un golpe
censura toda una vastedad de posicionamientos con un par de etiquetas
sonoras y ubica en la parcela de los “enemigos” a todos los que
disienten de alguna manera de las estructuras de poder que rigen en
Cuba, pues al disentir, dejan de ser pensamiento crítico y además
cubano. Lo crítico aquí es justamente lo que no es crítico, es decir un
espacio quejoso consentido que adorna al poder establecido y opera, para
el exterior, como el típico florero en la ventana en las viejas tretas
de espionaje.
Obviamente esto no es culpa de los autores beneficiados por la selección
de JH. Entre ellos hay clásicos del pensamiento radical cubano al estilo
de Ernesto Guevara, Carlos Rafael Rodríguez y Raúl Roa. Y ensayistas que
ciertamente han acompañado decorosamente algunos momentos de inflexión
en el pensamiento social cubano, como son los casos de Fernando
Martínez, Aurelio Alonso, Carolina de la Torre, Fernández Retamar y
Ambrosio Fornet. Todos ellos constituyen lecturas interesantes y
fundamentales para entender la evolución postrevolucionaria cubana, no
importa si estamos o no de acuerdo con ellos. Pero sus valores no
justifican el criterio sectario y anti-intelectual que identifica al
pensamiento crítico cubano con su avenencia fundamental con el sistema
político insular. Fuera de ellos hay mucho pensamiento, muy crítico, y
obviamente muy cubano. Reconocer esto es muy saludable para una sociedad
donde sobran los clivajes y escasean los puentes.
En realidad la poda desprolija decretada por JH es tan excluyente que no
sólo deja fuera a quienes antagonizan al sistema desde el mundo de las
ideas —lo cual ya es en sí lamentable— sino también a pensadores y
académicos —con obras calificadas y respetables— que solo han aspirado a
reformas de un socialismo que han considerado perfectible, pero desde
decibeles críticos que seguramente molestan los tímpanos de los
oficiales de la ideología. ¿Es posible, me pregunto, hablar de
pensamiento social en Cuba sin tomar en cuenta lo producido desde
Pensamiento Crítico en los 60, desde el Centro de Estudios sobre América
en los 90 y desde Espacio Laical en el presente siglo? Obviamente es
posible pero a un alto costo, y JH lo acaba de demostrar regalándonos
una verdadera amputación ideológica propia de los tiempos grises.
Hay finalmente un aspecto que me parece particularmente bochornoso. En
un momento en que la intelectualidad cubana comienza a identificarse con
la naturaleza transnacional de su sociedad, lo que significa echar a un
lado los espantajos de quien-se-fue y quien-se-quedó, la antología se
aboca a una visión insularista. Que omite una realidad palpable en los
documentos online de cualquier biblioteca importante: fuera de los
límites territoriales insulares, los intelectuales cubanos han generado
un universo de ideas de altísima calidad, y sin el cual no se completa
el pensamiento social crítico nacional.
Lo curioso es que se trata de un libro que prescinde absolutamente de
estos autores, sino que los autores invitados omiten —salvo unos pocos
casos en que Jorge Domínguez es citado— todo tipo de referencias a
pensadores ultramarinos en el tema tratado, a pesar de que lo que
escriben estuvo precedido por obras monumentales de estas personas.
Manuel Moreno Fraginals, Carmelo Mesa Lago, Eusebio Mujal, Marifeli
Pérez Stable, Levi Marrero, Lidya Cabrera, Velia Cecilia Bobes, Rafael
Rojas, Carlos Moore, Alejandro de la Fuente, entre otros muchos, jóvenes
y menos jóvenes, vivos y fallecidos, son parte de este pensamiento y
obviarlo solo conduce a la mezquindad y al empobrecimiento.
Y por eso, la antología resulta una obra empobrecida. No quiero dejar de
reiterar la riqueza de algunos ensayos que marcaron una época en el
pensamiento social. Sin mencionar a los clásicos, ensayos como el de
Carolina de la Torre o Ambrosio Fornet tienen todas las credenciales
para aparecer en una antología del pensamiento social cubano. Aunque más
escrupulosamente académico, creo que el artículo de Mayra Espino es una
muestra decorosa. Y con seguridad hay otros de alta calidad que no he
podido leer. Pero llamar pensamiento social a las construcciones
anecdóticas ideologizadas y los diletantismos de buena parte de los
autores me parece deplorable. El libro no trascenderá sencillamente
porque es fundamentalmente malo, muy por debajo de otras colecciones
similares que ya aparecen en la página de CLACSO. Muy por debajo de lo
que es el pensamiento social cubano.
Es lamentable que esto haya sucedido. Y es lamentable que CLASCSO haya
apoyado una obra de esta naturaleza. Lamentable para todos. Para el
mundo intelectual cubano y para los homólogos latinoamericanos. Todos
merecían algo mejor.
También lo merecía esta excelente iniciativa de CLACSO.

Source: ¿Pensamiento crítico cubano?: una antología deplorable –
Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/pensamiento-critico-cubano-una-antologia-deplorable-324880

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