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Detrás de Obama, ¿el caos?

Detrás de Obama, ¿el caos?
Con esa seguridad que solo tienen quienes se saben en poder de la
verdad, Obama ha querido despejar de la ecuación Cuba el factor “americano”
Francisco Almagro Domínguez, Miami | 24/03/2016 9:46 am

Cuando el estadounidense Barack Obama se despidió de Cuba en
la puerta del Air Force One, alguien pudo haber pensado en la frase que
se le atribuyó a Gerardo Machado antes de largarse aquel 12 de agosto de
1933: detrás de mí, el caos. Máxima premonitoria, por cierto. Cuba vivió
varios gobiernos, alguno tan breve como de 24 horas, y no volvió a
estabilizar su vuelo de gobernanza hasta la Constituyente y las
elecciones de 1940.
De ese modo que hay varias preguntas en el tintero. ¿Valió la pena el
viaje cuasi turístico del presidente norteamericano? ¿Estaba todo
“fríamente calculado” desde la ausencia de Raúl Castro al a
las desinfladas conferencias de prensa posteriores a las conversaciones
privadas entre ambos mandatarios? ¿Fue durante el juego de pelota donde
en realidad se cerraron los acuerdos? ¿Y el “daño colateral” para los
dos líderes? ¿Podrá ser controlado por los demócratas del Congreso, y
los comunistas del Politburó?
Los efectos de esta visita, según los analistas, no serán visibles hasta
dentro de unos meses; y para hacer un juicio justo, equilibrado, deberán
pasar años. Por lo pronto, y previendo los efectos inmediatos, la
propaganda castrista se ha centrado en hacer visible el y la
ocupación de la Base de Guantánamo. Es el mismo discurso de medio siglo
pero esta vez se ha declarado, tácitamente, que el desarrollo cubano
depende del fin de ese “bloqueo”.
Hay cosas que no engañan. Los norteamericanos le dicen body language,
lenguaje corporal. Porque hay emociones y pensamientos que son muy
difíciles de ocultar o simular. Añadiremos lenguaje corporal ambiguo,
para adjetivar algunos momentos críticos de la histórica visita.
Los analistas se lanzaron a especular sobre el no recibimiento por parte
del presidente cubano al presidente Obama. Pero todo parecía estar
acordado por ambos: Obama y familia tomaron sus sombrillitas y bajaron
del avión más famoso del mundo como cualquier familia de vecino. Ellos
sabían que no había nadie importante al pie de la escalerilla. ¿Fue
Obama quien pidió bajo perfil, o Raúl quien prefirió darle poca
importancia? Tal vez fueron los dos. No hacer ruido, no provocar “caos”.
Y por eso, el paseo bajo la lluvia por La Habana Vieja, y el tránsito
por el Malecón, sin banderitas ni molotes.
El estrechón de manos de Raúl Castro y Barak Obama no tenía para cuando
acabar al siguiente día. Obama, que puede tener la edad de los hijos del
jerarca cubano, lucia elegante, diríase que hasta con la humildad
aristocrática de quien nada teme; en cambio el cubano, parecía cansado;
no solo fatigado por los más de 80 años, sino porque habrá tenido que
desafiar a los disidentes de su propio Partido, probablemente muchos de
los cuales opinan que este es el inicio del fin de la Revolución.
Esas dos formas de percibirse y percibir el mundo, y el futuro, fue muy
evidente en la conferencia de prensa, dicen que no pactada con
anterioridad. El general no pudo ocultar ni sus arrugas físicas ni
mentales, y ante un par de preguntas de periodistas norteamericanos, a
las cuales no está acostumbrado, estalló en recriminaciones. Lenguaje
corporal ambiguo. Una vez más, Obama demostró porque es un político
reelegido para ocho años de mandato: suave, seguro de sí mismo, casi
condescendiente con el anciano , ajeno, como es Raúl, a la
comparecencia pública. ¿Pudo ser más “duro” Obama? Sin duda, pero, ¿para
qué?
El discurso en el Gran Teatro de la Habana, recién nombrado Alicia
Alonso, es una pieza de oratoria brillante. Una vez más el lenguaje
corporal, su respeto al huésped y al mismo tiempo la fuerza en las
palabras y las ideas expresadas, deben haber emocionado a muchos en
ambas orillas. En los balcones la alta jerarquía seguía con atención al
Presidente que los invitaba a no temerle, a construir un futuro común, a
respaldar el derecho del pueblo cubano a ser, como había dicho Juan
Pablo II, el protagonista de su propio destino. Todos sentados según
jerarquía, y lenguajes corporales… ambiguos.
Según ha podido conocerse, la reunión con la disidencia interna fue un
paréntesis para intercambiar con ideas y proyectos a menudo
contradictorios con la estrategia de contención y reconciliación de la
administración norteamericana. No podía ser de otra manera. La verdadera
democracia es disentir con respeto y oír lo diferente. Podríamos suponer
que el Presidente haya alentado a la unidad en la diversidad; y a
quienes están en desacuerdo haya pedido un voto de confianza con la
humildad que solo una enorme potencia moral y económica puede pedir.
Pero fue el juego de béisbol donde, definitivamente, el lenguaje de los
gestos y las conductas fueron más que elocuentes. Norteamericanos y
cubanos parecieron por primera vez relajados, a gusto compartiendo el
pasatiempo nacional de ambos, disfrutando el embrujo único del Estadio
Latinoamericano. Raúl Castro en sus risas y estrechones de mano esta vez
no fue ambiguo y pareció disfrutar del juego y de la compañía de Obama
como si fuera un viejo amigo. Esta vez, quién sabe si tibiamente
calculado, acompañó al Presidente en su despedida.
Durante la visita la visita del papa Juan Pablo II en 1998 se sintieron
unos días de absoluta paz y esperanza. Algo cambió en Cuba, aunque los
del vaso medio lleno insistan en negarlo. El cubano de a pie ni hubo que
citarlo a la Plaza de la Revolución ni a la calle 31 de para
saludar al Papa cada vez que salía de la Nunciatura. Las revistas
católicas tuvieron un boom. El laicado se fortaleció. Las personas
empezaron a asistir masivamente a las iglesias. Sangre nueva, conversa,
llenó los espacios que parecían perdidos. Hubo alguien que dijo que era
necesario “despapizar” la Isla. Cuba no se abrió totalmente al Mundo,
pero el Mundo más cercano era el norteamericano y tampoco se abrió a Cuba.
Barack Obama puede estar equivocado. Él cree que ha hecho lo correcto:
abrirle la mano a un pueblo y no a un régimen cuya caducidad de ideas y
recursos es un hecho que ni ellos mismos pueden soslayar. Un gobierno
que de no cambiar estructuralmente, estará condenado a la anarquía
incontrolable en pocos años. Un gobierno que no sabe vivir sin
subsidios, para usar un eufemismo. Un gobierno acostumbrado a decir que
el embargo es toda su desgracia.
Con esa seguridad que solo tienen quienes se saben en poder de la
verdad, Obama ha querido despejar de la ecuación Cuba el factor
“americano”; dejar que sea la improductiva sociedad socialista
subsidiada la que caiga por su propio peso, si no se modifica pronta y
radicalmente. El presidente norteamericano ha confiado en que el
Gobierno cubano, el de Raúl Castro, podrá evitar que aquellas palabras
premonitorias de Machado se hagan realidad otra vez. De evitar eso, y
casi nada más, se ha tratado este viaje.

Source: Detrás de Obama, ¿el caos? – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/detras-de-obama-el-caos-325180

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