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La neo colonia de un doctor americano

La neo colonia de un doctor americano
Es arrogante pensar que los cubanos, sin los recados del
Obama, son incapaces, por ellos mismos, de encontrar soluciones
prósperas y cada vez más democráticas para su país
Jorge Dávila Miguel, Miami | 02/03/2016 2:37 pm

Los cubanos a ambos lados del Estrecho debemos llenarnos de alegría: el
Dr. Ted A. Henken está muy orgulloso de presenciar el proceso de
acercamiento entre y Cuba y no solo eso, también está
contento de que el presidente estadounidense Barack Obama vaya a Cuba.
Henken es norteamericano, especializado en estudios latinoamericanos, y
dijo todo eso en una columna publicada en El Nuevo Herald hace muy poco,
cuyo título y aparente mensaje es que La solución para Cuba no viene de
la Casa Blanca. El autor, además, nos afirma otras cosas: que a Estados
Unidos “siempre le ha sido difícil” interactuar con la Isla, que siempre
quiso influenciar y dictarle a Cuba su forma de gobierno como un
“hermano mayor” y que dicha equivocada manera de actuar condujo
históricamente al conflicto entre los dos países. Dice que es un error
llamar “guerra hispano-americana” a lo que para los cubanos fue su
guerra de independencia, y para ponerle la guinda al pavo también
condena la “infame enmienda Platt”.
Y ya entrando en el 1959, el doctor Henken —un hombre joven a juzgar por
sus fotografías en la web en las que se autodenomina “El Yuma”[1]— sigue
con su reparto de flores para con la nacionalidad cubana, aceptando que
aquella actitud “arrogante e ignorante” de Estados Unidos caracterizó
también la política de comercial y cambio de régimen hacia Cuba
que había funcionado, estúpidamente, “hasta la fecha”. Las comillas
citan siempre el texto del autor.
Pero a partir de ahí al doctor Henken —especializado en asuntos
latinoamericanos—, al parecer le da una especie de conmoción conceptual
en su columna, porque se vira de pronto para segunda y nos espanta que
“al reanudar relaciones diplomáticas… Obama implícitamente reconoció la
soberanía nacional cubana”.
Mi muy estimado doctor: a Cuba no le hacía falta que Obama reconociera
“implícitamente” su soberanía; porque como usted mismo dijo en su
columna eso lo aprendieron por la vía del conflicto desde 1959 once
administraciones norteamericanas con sus respectivos once presidentes
que siempre quisieron, —infructuosamente— “dictar a Cuba su forma de
gobierno”. ¿No lo dijo usted exactamente así?
Después Henken, sorprendentemente, nos sigue brindando en su columna,
como futuras soluciones, los mismos errores, (aunque más ligeritos), que
previamente criticó. Que si Obama desnudará en La Habana los verdaderos
propósitos de Raúl Castro; que si revelará al pueblo cubano —como Moisés
bajando del Sinaí— la política rígida y autoritaria de la élite
gobernante en la Isla, que si el papel del pueblo… “como buenos
soldados, no ha sido otro que obedecer órdenes de los generales Castro”,
que si los viejos generales castristas, que si Martí quiso decir… Y así.
A ver, amigo Henken, todo eso nos lo sabemos ya bastante bien; pero ni
Washington, ni Obama, cargan con el deber mesiánico de recordarle al
Gobierno cubano que “tiene” que reconocer que su soberanía nacional “se
fundamenta en la soberanía popular”. Eso es evidente: Cuba deberá hacer
descansar en la legítima soberanía popular la soberanía internacional de
su Gobierno, pero exigirlo, créame, no es un nuevo destino manifiesto
americano. Eso es, como usted mismo quiso decir en alguna parte, un
asunto de cubanos. Pero acábenlo de entender. Esa visión suya de que
este reciente giro de la política norteamericana hacia Cuba “…nos deja
[a los norteamericanos] echar a un lado el embargo y enfocarnos cada vez
más en la relación entre el gobierno cubano y su propio pueblo, diverso
y adolorido” , es políticamente lamentable y académicamente injerencista.
Es arrogante pensar que los cubanos, sin los recados del presidente
Obama —quien por otra parte no tiene que disculparse ni pedir permiso
para hablar sobre democracia y donde le plazca— son
incapaces, por ellos mismos, de encontrar soluciones prósperas y cada
vez más democráticas para su país. Esa fue precisamente la tesis del
Gobierno americano que nos llevó a la Enmienda Platt; la de los
anexionistas de entonces, de hoy y de mañana; la misma tesis de los
españoles que aunque perdieron la guerra en Cuba se quedaron para
comerciar allí y continuaron menospreciando a los criollos que los
habían derrotado. No sigan cometiendo, por favor, el mismo error.
La nación cubana tiene efectivamente grandes problemas —entre otros ya
resueltos— que solventar en su futuro. Su desarrollo económico, el
equilibrio entre el individuo y el Estado; las libertades civiles; la
creciente desigualdad económica, social y lograr ser una nación
saludablemente democrática, por ejemplo.
Pero, Henken, no avivemos el cuento de que la democracia norteamericana
es la única ni la mejor del mundo, y déjenos ponernos de acuerdo a los
cubanos, si eso es posible, en español.
[1]https://www.baruch.cuny.edu/wsas/academics/black_hispanic/TedHenken.htm

Source: La neo colonia de un doctor americano – Artículos – Opinión –
Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-neo-colonia-de-un-doctor-americano-324961

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