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Washington y La Habana, el enemigo de ayer es el amigo de hoy

Washington y La Habana, el enemigo de ayer es el amigo de hoy
El eslogan “Cuba sí, yanquis no”, repercutió por décadas en todo el país.
Pedro Corzo
marzo 24, 2016

La visita del Barack Obama a Cuba obliga a un examen
apresurado de la forma en la que ambos Gobiernos han tratado sus
diferencias de más de medio siglo.

Estas dos capitales representan modelos ideológicos, políticos y
sociales antagónicos. Eso no significa que sus respectivos pueblos sean
enemigos, como han sido sus líderes por décadas, a pesar que desde La
Habana se instrumentó una política de Estado contra y lo
que representa.

La enemistad entre ambos Gobiernos estuvo signada por la . La
Casa Blanca se empeñó en destronar a la dinastía de los Castro pero el
Clan de Birán, aun antes de llegar al poder, había manifestado que su
verdadero enemigo sería Estados Unidos, en cuanto triunfara la insurrección.

Si Washington instruyó, armó y financió operaciones militares contra la
dictadura castrista, sus enemigos de Cuba apoyaron de diferentes maneras
a todos los grupos antisistema que operaron en ese país, entre ellos,
los Panteras Negras, Los Macheteros y los Weatherman, por sólo mencionar
unos pocos de una larga lista.

Washington también fomentó acciones para contener el expansionismo
castrista. Decretó un como política de contención y dictó leyes
con el objetivo de reducir la capacidad de acción de la dictadura insular.

Aunque a algunos no les gusta rememorar el pasado, Cuba fue la
plataforma militar soviética más importante en el exterior; base de
submarinos, de espionaje y varias instalaciones de misiles con capacidad
nuclear para destruir ciudades estadounidenses.

Los Castro en consonancia con sus intereses y en el marco de sus planes
de ser uno de los protagonistas de la Guerra Fría, auspició una política
de subversión en todo el hemisferio con el objetivo de dañar los
intereses de Estados Unidos y el establecimiento de Gobiernos aliados
que también confrontaran con la nación del norte.

Los proyectos subversivos castristas se implementaron en diferentes
lugares del mundo, África y Asia en particular. Ejércitos mercenarios
cubanos ocuparon países africanos. Cuba fue taller para entrenar
terroristas de la ETA y del IRA irlandés, también a Tupamaros y
narcoterroristas de las FARC.

Es evidente que entre ambos Gobiernos hubo grandes diferencias,
intenciones de mutua destrucción, se espiaron y conspiró abiertamente el
uno contra el otro, mientras, en foros internacionales aireaban
ácidamente sus diferencias.

Sin embargo, desde el principio del diferendo hubo un notable contraste
entre la actuación de Washington y La Habana.

El ejecutivo estadounidense no gestó en su pueblo una política de odio
contra Cuba. No orquestó campañas en contra de la música de la isla,
tampoco contra otras expresiones de arte y cultura, ni organizaban
marchas, protestas y conferencias para desacreditar los valores de la
sociedad insular.

Por parte de La Habana, como dijera Ernesto Guevara, “el odio como
factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá
de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una
eficaz violenta, selectiva y fría máquina de matar, nuestros soldados
deben ser así, un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo
brutal”, fue la consigna y la actuación oficial.

Fue el Gobierno cubano quien ordenó el derribo del monumento al
acorazado Maine, una intensa campaña contra la música, el arte y los
productos que se fabricaran en Estados Unidos, quien acusó a todos los
que se enfrentaban al régimen de agente de la CIA, una manera de
responsabilizar ante el pueblo, al vecino del norte porque hubieran
conflictos en el isla.

El eslogan “Cuba sí, yanquis no” repercutió por décadas en todo el país.

La correspondencia con allegados en Estados Unidos era un delito no
codificado, pero sí factor para ser discriminado en la sociedad
castrista. Fue el régimen quien inventó las “marchas del pueblo
combatiente” y la Tribuna Antiimperialista frente a la sede diplomática
estadounidense.

El individuo que tenía un familiar en el extranjero, en particular,
Estados Unidos, no era de fiar. Al respecto, una colega comentaba hace
unos días que por los 80 una tía visitó Cuba y que le preguntó por qué
no conversaba con ella, a lo que respondió: “tía, a nosotros nos enseñan
en la que todos los que viven en su país, son nuestros enemigos”.

El régimen nunca cejó en su aspiración de destruir a Estados Unidos,
sólo que su ineficiencia absoluta en la gestión económica, la creciente
frustración de la población en el modelo de gobierno que le impusieron,
sumado al fin de los subsidios de la Unión Soviética y el riesgo de
perder las regalías del chavismo, ha determinado que el enemigo de ayer
sea el amigo del presente.

El fin es hacer los cambios que sean necesarios, para que lo importante
siga igual.

Source: Washington y La Habana, el enemigo de ayer es el amigo de hoy –
www.martinoticias.com/content/washington-y-la-habana-el-enemigo-de-ayer-amigo-de-hoy/118113.html

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