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Aseguran que visita del Presidente Barack Obama ha desnudado la política cubana

Aseguran que visita del Barack Obama ha desnudado la política
cubana
Un joven simpatizante del actual gobierno de la isla, resalta la
necesidad de que Cuba tenga la de hacer una nueva constitución
que le garantice al pueblo todos los derechos y no sólo algunos
VISITA HISTÓRICA | 12 de Abril de 2016
LA HABANA.- REDACCIÓN

Recientemente ha sido publicada una carta de un joven simpatizante del
actual gobierno de Cuba, en la cual hace una reflexión acerca de la
reciente visita histórica del Presidente de , Barack
Obama, a través de la cual asegura que se ha desnudado la cultura
política de la isla.

En el escrito que reseña el portal oncubamagazine, el autor asegura que
así como Obama expuso detalles de su vida y la de sus familiares, los
cuales fueron reseñados en los medios oficiales, ese tipo de información
también debería conocerse acerca de los políticos cubanos, para una
mejor identificación con el pueblo.

Del mismo modo, el pueblo de Cuba quiere saber qué comen nuestros
políticos (…) Queremos saber a qué escuelas van sus hijos, si asisten
a las reuniones de padres y si ayudan a sus niños y niñas a hacer los
trabajos de curso y las tareas de Educación Laboral. Y si creen que nada
de esto nos importa o no nos debe importar porque es la vida privada de
los políticos, les digo que no estamos de acuerdo. Que nuestras vidas
las hemos empeñado a este proyecto de sociedad diferente y queremos
estar seguros de que nuestros dirigentes la viven como nosotros”, reza
parte de la comunicación.

Asimismo, resalta la necesidad de que Cuba tenga la libertad de hacer
una nueva constitución que le garantice al pueblo todos los derechos y
no sólo algunos, “que sirva para que el mundo nos respete y nos entienda”.

A continuación el texto completo de la carta:

No quiero saber nada de Industriales ni de Obama

Existen al menos dos maneras de asegurar una vida de sufrimiento: ser
industrialista y aspirar al socialismo democrático. Durante décadas los
mitos y leyendas del periodismo deportivo cubano han inculcado en el
pueblo “la verdad” de que el equipo de béisbol Industriales está lleno
de jugadores inteligentes y que saben jugar muy bien a la pelota, y que
el Estadio Latinoamericano es una olla de presión donde debe fundarse la
hombría del pelotero de cualquier lado que aspire a triunfar en este
deporte. Sin , la realidad nos informa que los jugadores de
Industriales no saben tocar bolas, no saben correr las bases, no pueden
tirar strikes y que han sido incapaces de ganar al equipo de Ciego de
Ávila, en los últimos cinco años. Por eso no quiero saber de Industriales.

Obama, por otra parte, no es el presidente de la República de Cuba. En
Cuba no hay un presidente de la República desde 1976. Nuestro sistema de
gobierno no reconoce este cargo, porque preferimos desde hace cuarenta
años ser más republicanos y democráticos y tener órganos colegiados
donde uno solo no pudiera imponer su voluntad.

Obama dentro de un año tampoco será el presidente de Estados Unidos, y
por ello no será más el enemigo de los pueblos ni el terror del Medio
Oriente. Los defensores de la democracia, en los últimos tiempos,
pensamos que el enemigo era Donald Trump, pero ha resultado ser Obama;
eso es lo que dice la prensa cubana, a la que no se debe llamar oficial,
porque no hay más prensa reconocida por el Estado, que yo sepa. El
presidente Obama ahora nos sale hasta en la sopa, aquel plato que en las
tradiciones culinarias que heredamos fue un entrante, pasó a plato
fuerte en los 90 y desapareció en los 2000, junto al corazón de pollo y
otros menudos.

Pero este caldo no ha sido cocido en la cocina del pueblo. Los alaridos
que nos avisan de los engaños de Obama, que nos abren los ojos para que
no seamos ingenuos ante los cantos de sirena del imperialismo, me
ofenden a mí, que pienso como un obrero portuario o como un profesor
universitario, que es lo mismo, o debe serlo en la verdadera democracia.
Me ofende porque nosotros, el pueblo, no fuimos quienes nos acercamos a
Estados Unidos, ni como soberanos conversamos durante más de un año en
secreto con aquel gobierno, ni invitamos al presidente Obama a Cuba, ni
lo llevamos a hablar en vivo por la televisión nacional. Pero sí debemos
ser inocentes después y tragarnos lo que dice el presidente elegante,
que camina como un dandy y parece que en cualquier momento comenzará a
danzar.

Sin embargo, no nos tragamos nada. Nos alegramos porque entendemos que
la historia ha cambiado, que algo ha pasado en nuestras vidas que no
pensamos ver, que una relación de odio puede aminorarse. En tanto, que
pudiera ser factible demostrar nuestra gallardía en directo, para que
hablen ellos y nosotros también, para que ellos propongan y nosotros
también. El pueblo se alegra, nos hemos alegrado sanamente, como cuando
llega el día de los carnavales o revienta en el cielo una única bengala
para celebrar el día que triunfó la Revolución.

No obstante, también podríamos correr el riesgo de pasar de ser el
pueblo más culto y preparado políticamente del mundo en un editorial de
la prensa, o en un noticiario, e inmediatamente convertimos en
inocentes, proclives a ser engatusados por discursos bien leídos y
frases peligrosas. Creo que a este tratamiento le llama la diplomacia
cubana “doble rasero”. Ante esto, deberíamos preguntarnos: ¿qué sabemos,
nosotros, el pueblo llano? Que Obama no es comunista, que no ha sufrido
nuestras penurias, que no conoce la vida de Antonio Maceo, que ha
aprendido algunas oraciones de Martí. Que no es parte de nuestras
angustias ni alegrías, que no sabe por dónde pasa el P-14 ni dónde se
coge la moto que te lleva a Santa Ifigenia.

También sabemos que Obama no es un conservador de derechas, que es culto
y bien estudiado, que sabe de Derecho Constitucional y por lo tanto de
política, que su concepto de democracia es tan reducido como el de todos
los gobernantes del mundo, que es un mulato en tierra de linchamientos a
negros, que ha querido reducir la venta de armas en su país, que ha
dicho al Congreso que las mujeres ganan menos que los hombres en su
gloriosa democracia, que ha fundado ideas para defender a niñas en
peligro, que no es un fascista ni un colonialista. Que se puede discutir
con él.

La prensa -periodistas y otros- han exigido a Obama que debió pedir
disculpas a nuestro pueblo por tanto dolor infligido por Estados Unidos
a Cuba, durante tanto tiempo. Hubiera sido hermoso escuchar a Obama
hablar de estas cosas. Pero solo creeré en la prensa cuando reclame lo
mismo a los gobernantes europeos que pisan nuestra patria y a los que no
se les llama nunca a disculparse por los crímenes del colonialismo, la
esclavitud, la xenofobia, el exterminio de los pueblos originarios de
América. Nunca he leído que, a la visita de un presidente de gobierno
español a Cuba, la prensa libre le pida que se disculpe por los 8
estudiantes de que asesinó España en 1871, al menos por ellos,
que eran inocentes. Creo que a esto la diplomacia cubana le llama “doble
rasero”.

Hablar tanto de Obama sirve, es su primer servicio, para no hablar de
Cuba. Yo no he votado por Obama, ni quiero. Nuestro pueblo quiere hablar
y sentir la emoción de la política cubana socialista; es decir,
democrática, intensa, sin barreras, sin tabúes -la única que podría
construir la primera baldosa de la calzada de la verdadera soberanía
popular.

La visita de Obama ha desnudado la cultura política cubana, o más bien
la ha señalado, y muchos se han fijado entonces. ¿Por qué nuestro pueblo
ha agradecido que el presidente norteño hable como un acere? Porque así
hablamos, incluso cuando sabemos quién es Walt Whitman o Edgar Alan Poe.
Y sobre todo porque nuestros políticos no hablan como el pueblo sino
como ellos mismos. ¿Por qué nuestro pueblo agradeció que se rompiera el
protocolo y que el presidente invitado saludara al director de la banda
de música en el Palacio de la Revolución? Porque así somos, nos cayó
bien “el caminado” de Obama, y que viajara con su esposa, sus hijas y su
suegra, y que mencionara a Michelle cada dos palabras, y que jugara
dominó o lo intentara, y que dijese qué había comido en “la ”, y
que se quisiera parecer a la gente de aquí, un pueblo mestizo en toda su
envergadura.

Del mismo modo, el pueblo de Cuba quiere saber qué comen nuestros
políticos. Si alguna vez van a una “paladar”, queremos saber cuántos CUC
les quedan y qué gustos tienen. Igualmente, queremos saber si van a
comprar las frazadas de piso rebajadas hasta fin de mes, si tienen
suegras, si viajan con ellas o no se tratan, si extrañan a sus seres
queridos que se han ido del país porque no pudieron ser convencidos,
como nosotros, de las bondades del socialismo. Queremos saber a qué
escuelas van sus hijos, si asisten a las reuniones de padres y si ayudan
a sus niños y niñas a hacer los trabajos de curso y las tareas de
Educación Laboral. Y si creen que nada de esto nos importa o no nos debe
importar porque es la vida privada de los políticos, les digo que no
estamos de acuerdo. Que nuestras vidas las hemos empeñado a este
proyecto de sociedad diferente y queremos estar seguros de que nuestros
dirigentes la viven como nosotros. Que también gozan el socialismo y las
fiestas en casa de amigos, que son humanos, que ríen y lloran y temen
morir y dejar obras inconclusas e hijos desamparados, como nosotros.

En la democracia, la vida privada, si significa escapar del control
popular, no es más que un crimen que los atenienses resolvían con
ostracismo y que nosotros, más tiernos, resolvemos con desdén. Cuando el
pueblo vota, no lo hace solo por lo que dice la biografía, ya es
bastante que votemos por el pasado. Queremos votar también por la
persona más culta, más buena, más inteligente, mejor oradora, que mejor
ha educado a sus hijos, que tiene más familiares decentes, y que sabe
hablar como la gente de Cuba -con corazón fino y lengua de metralla.

Obama no ha engañado a nadie en Cuba. Sabemos que el futuro será crudo,
como siempre, y que habrá que luchar contra los que quieren cambiar a
Cuba por un paraíso capitalista de grandes mercados y pobres y pobres.
Obama no nos dará la felicidad, ni tampoco los que quieren repartir el
país a grandes empresarios, ni la burocracia que no entiende al pueblo y
se entiende en privado con gente que no conocemos.

La democracia es hermosa, como llegada y como viaje, por los caídos, y
los que triunfan. Hace más de dos mil años que los enemigos del pueblo
conspiran contra el poder de los pobres libres. Que Cuba sea del pueblo
es una necesidad para ser independientes y no yanquis tropicales. Por
eso necesitamos todo el poder y no solo un poco, todos los derechos y no
solo algunos, todos los instrumentos jurídicos para defenderlos y no una
selección, toda la libertad para hacer una constitución realmente nueva,
que sirva para que el mundo nos respete y nos entienda.

Si hay que sufrir por la democracia lo haremos con dignidad, porque
podemos contentarnos con poco pan pero jamás con poca libertad. Por
ello, quiero saber de Cuba, de qué vamos a hacer para salvar la nación,
la decencia, la independencia y el sueño de vivir aquí. No quiero saber
de Obama, ni de Industriales.

Source: Aseguran que visita del Presidente Barack Obama ha desnudado la
política cubana :: Diario las Americas :: Cuba –
www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3742909_aseguran-visita-presidente-barack-obama-desnudado-politica-cubana.html

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