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“Cuba Posible” y sus acólitos

“Cuba Posible” y sus acólitos
El autor considera que Cuba Posible está comportándose con el mismo
sectarismo exclusionista que el Gobierno cubano
Haroldo Dilla Alfonso, Santiago de | 06/06/2016 9:07 am

En vísperas del último congreso de la Latin American Studies Association
en New York, la plataforma Cuba Posible (CP), con el financiamiento de
Open Society y de WOLA, organizó una reunión de lo que su director
Roberto Veiga llamó una “pléyade de creadores” que ha asumido de manera
“honesta y creativa” el “reclamo histórico” de la patria. Toda una
tentación mesiánica/trascendentalista que su subdirector Lenier González
adosó con un toque franciscano cuando precisó que “Nos toca a nosotros
luchar y sufrir por ello. Incluso nos toca, a muchos de los aquí
presentes, ser incomprendidos. Ese es nuestro destino y nuestra cruz”.
Su objetivo fue, no obstante, más terrenal: reflexionar sobre los
problemas internos de la Isla, así como sobre las políticas
norteamericanas hacia Cuba, en el marco de un “diálogo intenso”, con
diferentes modos de ver la situación “tal vez legítimos casi todos”, sin
precisar directamente quienes están fuera y quienes dentro del “casi”.
Pues aunque no lo crean, en el casi “se esconde el diablo”.
Me parece muy bien que CP se reúna, en New York o en La Habana. Me
parece muy importante que potencie la discusión sobre el futuro de la
Isla. CP es una plataforma legítima y con un rol limitado, pero positivo
en muchos sentidos. Y creo que esta reunión tuvo a su favor figuras
intelectuales aceptables, y algunas de primer orden como fueron los
casos de Carmelo Mesa Lago, Pedro Monreal y Mauricio de Miranda.
Pero también creo que Cuba Posible está comportándose con el mismo
sectarismo exclusionista que el Gobierno cubano. Solo que cada cual
escoge a sus ilegítimos. Voy a recordar que en los mismos momentos en
que se celebraba esta reunión, estaban en New York diferentes cubanos
con méritos suficientes para estar en la reunión, e incluso en algún
panel. Estaba, por ejemplo, Manuel Cuesta Morúa, activista cívico
oposicionista con un perfil intelectual plenamente reconocido y que
acaba de lanzar un programa político/social democrático de altos
quilates. Estaba Rafael Rojas, a quien no tengo que presentar, y al que
se permitió asistir en el público por petición propia. Estaba Armando
Chaguaceda, un doctor en ciencias con una obra teórica de muy alta
calidad. Y estaba yo, que al menos me merecía que me hubieran invitado a
mirar sin hablar. Pero además, en New York viven numerosos intelectuales
cubanos que nunca fueron invitados y permítanme mencionar a Samuel
Farber —autor de los libros que yo hubiera querido escribir—, a Geandy
Pavón, con una obra artística imprescindible y a María Antonia Cabrera
Anrus, entre otros muchos.
Aunque, Roberto Veiga, en su discurso, juega con los posicionamientos
(izquierda, centro, derecha), no creo que ello estuvo relacionado con
las exclusiones. En muchos sentidos Cuesta Morúa es más de izquierda que
el Gobierno cubano, ni hablar de Sam Farber, quien es oposicionista
justamente porque es auténticamente de izquierda. Y la propia CP es un
territorio ideológicamente muy diverso, que abarca desde propuestas de
socialismo comunitarista hasta el bochorno retrógrado de reclamar, en
pleno siglo XXI, un concordato entre el Vaticano y el Gobierno cubano. Y
hasta donde sé, ninguno de ellos ha sido excluido.
La exclusión tiene que ver con otra variable: la lealtad al Gobierno
cubano. Al menos esa variable blanda de lealtad que sigue considerando a
la elite política cubana como un interlocutor legítimo y creíble (la
apología al discurso supuestamente democratizador de Raúl Castro es
enternecedor), al régimen como un dispositivo reformable y a los
opositores que no creen en eso como fichas despreciables que justifican
el “casi” de la legitimidad de “casi” todos que mencionaba Veiga en su
discurso.
Por supuesto que es lamentable que algo así suceda, y que Cuba Posible
siga haciendo el juego a la fragmentación a que el castrismo nos ha
condenado para poder administrar y despolitizar a la sociedad. Es
posible que no lo hagan por convicción, sino por conveniencia. Por
eludir la represión del régimen político, a pesar de los efluvios
democráticos de Raúl Castro. Pero me temo que, a estas alturas del juego
nacional, es complicidad y oportunismo.
Pero, repito, es legítimo que Cuba Posible siga cuidando su espacio y
reuniendo a su gente. Sobre todo, si consigue que alguien lo financie.
Lo que es ilegítimo, por falso, es que Roberto Veiga siga proclamando
que Cuba Posible auspicia “…el encuentro y el diálogo entre cubanos de
la Isla y de la emigración, con criterios muy disímiles”.
En realidad, lo que reúne, como el diría, “casi todos”, son acólitos.

Source: “Cuba Posible” y sus acólitos – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/cuba-posible-y-sus-acolitos-325713

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