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La Habana ‘maravillosa’ que los habaneros no ven

La Habana ‘maravillosa’ que los habaneros no ven
MARÍA MATIENZO PUERTO | La Habana | 5 Jun 2016 – 10:20 am.

La Habana recibirá el martes la placa de Ciudad Maravilla mientras sus
habitantes se preguntan por qué. ¿Será por su gente? ¿Será por su
arquitectura? ¿Será por las ruinas? Son los comentarios más frecuentes
y, por lo general, van acompañados de un chasquido de lengua o una mueca
de burla.

La categoría es resultado de un concurso de la fundación suiza
New7Wonders, que entrega la placa. La Habana fue elegida en 2014, junto
a La Paz (), Beirut (Líbano), Doha (Katar), Durban (Sudáfrica),
Kuala Lumpur (Malasia) y Vigan (Filipinas).

“Lo peor que tiene esta ciudad es la cantidad de gente que prefiere
morderse la lengua antes que meterse en problemas”, dice Alicia, dolida
por la peste y la gritería que no salen en las fotos.

“Las ves muy finas, muy pintadas y tiran, como si fueran camioneros, las
latas y los papeles al piso. Si no hay cesto, métete la basura en la
cartera como hago yo”, añade refiriéndose a las mujeres habaneras, pero
el comportamiento caracteriza a los hombres también. “El culpable es el
Gobierno, pero la gente contribuye”.

“¿Normas de urbanidad? ¿Cómo se escribe eso? ¿Se comen?”, pregunta
Manuel, que ha vivido siempre en Lawton, pero trabaja en La Habana
Vieja. “Supongo que seamos una ciudad maravilla por lo ecléctico de la
arquitectura”.

“Lo maravilloso de esta ciudad son las mujeres”, comenta un carpintero
de la calle Galiano, aprovechando para piropear a una muchacha que pasa
por su lado. Pero rápidamente cambia a la crítica: “La verdad es que si
es maravillosa esta ciudad que está toda rota y sucia, no me imagino
cómo debe ser una que no es maravillosa”.

Por suerte “la gente no ha perdido aún la necesidad de ayudar a los
demás —dice— aunque, ya sabes, es más la necesidad de ayudarte si eres
extranjero o estás lindo”.

No obstante, recuerda que hace unos días hubo un fuego en la esquina de
Ánimas y todos querían entrar a socorrer a los vecinos.

“En el Canal Habana salen artistas diciendo lo orgullosos que están de
la ciudad, y yo los miro con un poco de asco”, dice Yosvany quien se
presenta como el poeta de su barrio, aunque está vestido de albañil.
“Tienen la oportunidad de criticar y no la usan. Yo también me siento
orgulloso de ser habanero, pero coño, a veces tengo que concentrarme
para lograrlo”.

“Entre la gente, que se ha vuelto un poco miserable, los baches, los
fumigadores, la falta de , el calor, los mendigos, los policías, el
hambre, tengo la sensación que todo lo bueno se ha ido o está por
llegar, ¿quién sabe?”.

Un trabajador de se pregunta cómo puede ser maravillosa una
ciudad en la cual la basura se acumula en las esquinas diariamente, y en
eso coincide con Marta quien ha viajado desde después de
diez años de ausencia.

“Me dijeron que las cosas habían cambiado y tenían razón, cada día a la
gente le preocupa menos echar la basura en cualquier lugar y a cualquier
hora como si fuera parte del ornato público”.

El trabajador de ETECSA lleva más de una semana trabajando en la misma
esquina y ha visto, dice, una regularidad: “La gente tira de los
balcones la jaba llena de basura con la esperanza de que caiga lejos de
su casa, pero no necesariamente en el contenedor. Después vienen los
buzos, que en su mayoría están locos, y rompen las jabas buscando lo
mismo , botellas, latas que algo para vender. Y, por último, los
perros callejeros, que terminan de regar la basura. A veces coinciden
todos”,

Daniel, un centrohabanero de “pura sepa”, cuenta que hace unos días pasó
del piropo al regaño con una muchacha “hermosísima, pero ‘sucita'”.

“Pasó, tiró la lata de refresco en la esquina y, cuando se lo dije con
amor, me respondió: ‘Yo la tiro donde quiera si, total, esta ciudad está
en candela’. Mira, me indigné”, relató.

Daniel, al igual que otros, considera que si la ciudad está sucia
también se debe a la indolencia de los cubanos que emigran de provincia.

“Vas a sus provincias y todo está más que limpio, nadie se atreve a
tirar un papel en el piso, lo hacen aquí porque no les duele. Y eso pasa
hasta con los dirigentes, que los traen de allá y que gastan el dinero
que debe invertirse en la ciudad en cualquier cosa, menos en limpiarla
un poco”.

“Somos una mina de oro y no lo sabemos”, considera Hilda, cuentapropista
que ha tenido la oportunidad de asistir a una feria Vintage en una
ciudad cercana a Barcelona. “Aquí tenemos la materia prima, todo está
viejo, pues aprovechémoslo. Vamos a revivir los 50, no porque no nos
quede más remedio, sino porque fue la última etapa de esplendor que ha
tenido Cuba. Lo demás ha sido pura decadencia”.

“Todos quieren venir antes de que lleguen los americanos”, dice otra
cuentapropista de La Habana Vieja, que vende libros y objetos viejos.
“Es cómo venir al parque jurásico del socialismo, y me imagino que lo
maravilloso está no solo en los almendrones, sino en descubrir cuál ha
sido la fórmula de un grupo humano para sobrevivir después de la
hecatombe revolucionaria. Somos la humanidad después de la apocalipsis o
de la tercera guerra mundial”.

Se ríe porque cree que con lo que dice se puede hacer una novela de
ciencia ficción. “Es en esencia lo que es esta ciudad: una fábula. Un
lugar donde aún se llenan fosforeras como si no fueran objetos
desechables, o se reparan espejuelos en una mesita hecha de cartón con
un cartel escrito a mano. En pleno siglo XXI, tiene que causar curiosidad”.

Luis quiso fundar en algún momento, junto a su primo residente en
Islandia, una agencia de de la decadencia. Adriana está segura
de que La Habana se está convirtiendo en un parque temático. Samuel
piensa que no hay mejor lugar para disfrutar de lo sórdido que unas
ruinas y gente “espontánea, dispuesta a darlo todo a cambio de muy
poco”. Ailín cree que simplemente estamos de moda, aunque la mayoría
prefiera huir en cuanto se le da la oportunidad.

Los habaneros están orgullosos de su ciudad de una manera abstracta. Muy
pocos logran apreciar la arquitectura que hay debajo de varias capas de
polvo o el trabajo de herrería escondido por el óxido que ha provocado
el salitre.

Nancy, traductora e interprete por cuenta propia, se esfuerza por ver la
belleza de la ciudad y resume lo que otros prefieren callar: “Esto es
otro logro de la Revolución, que seamos capaces de no sentir nada con
respecto a la ciudad o a la patria, que para el caso es lo mismo, porque
Cuba es La Habana y, lo demás, áreas verdes”.

Source: La Habana ‘maravillosa’ que los habaneros no ven | Diario de
Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1465081624_22865.html

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