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Murillo o la ola castrista

Murillo o la ola castrista
Ricardo Cabrisas asume la dirección directa de la economía cubana
Redacción CE, Madrid | 14/07/2016 8:42 am

Continúan los cambios en el gabinete cubano. El gobernante Raúl Castro
destituyó como titular del Ministerio de Economía al vicepresidente
Marino Murillo, quien
será reemplazado por Ricardo Cabrisas, dirigente “histórico” y también
con cargo de vicepresidente, informa la Associated Press.
También se anunció la salida del titular de Educación Superior, Rodolfo
Alarcón, y su reemplazo por el hasta ahora viceministro José R. Saborido.
Días atrás se conoció que Abel Prieto regresaba como Ministro de
Cultura, aunque de momento con carácter provisional.
Tales movimientos parecen obedecer a causas diversas, en medio de un
empeoramiento de la situación económica en la Isla y el reconocimiento
de una importante reducción en la entrega del crudo venezolano. A ello
se añade el lento avance del plan de reformas, los limitados resultados
hasta el momento en la búsqueda de financiamiento extranjero y lo
difícil y a largo plazo que está resultando en lo económico el proceso
de acercamiento entre Washington y La Habana, proceso que por otra parte
no tiene un futuro asegurado.
En lo único que realmente ha avanzado el Gobierno cubano —además de los
logros en el campo diplomático que se han sucedido en lo últimos años—
es en el refinanciamiento y perdón de su con los más diversos
países. Por ello no resulta extraño que el artífice tras ese proceso
pase ahora al control diario de la economía.
“El compañero Ricardo Cabrisas cuenta con vasta experiencia y
preparación, demostrada en el ejercicio de responsabilidades en el
Gobierno y el cumplimiento de importantes misiones, entre ellas la
reciente dirección exitosa del proceso de reordenamiento de la deuda
externa cubana”, reconoció la prensa cubana.
Pero lo singular en la compleja situación cubana es como la figura de
Murillo aparece y desaparece, flota siempre y sobrevive, y desafía
cualquier afirmación de “ahora sí”, tanto cuando figura en la primera
plana como en los momentos que parece refugiarse tras un escritorio.
Porque cuando se habla de “destitución” de Murillo como ministro de
Economía hay que entenderlo en un contexto determinado. No ha sido
echado a un lado, no se puede decir que fue “defenestrado” —esa palabra
de empleo espantoso por los corresponsales, siempre dispuestos a ver
tirar por la ventana a las figuras de poder— y tampoco siquiera
marginado en una forma leve. Más bien casi pudiera pensarse que fue
puesto a salvo por Raúl Castro.
A partir de ahora Murillo se encargará de una comisión especial que
tendrá a su cargo el monitoreo del plan de reformas. Vigilar, pero no
ejecutar directamente.
Y es que lo que, al parecer, lo que se avecina en los próximos meses en
el panorama económico cubano no va a resultar fácil para los cubanos, y
tampoco para quien lleve a cabo la tarea de dirección económica.
La reducción en la entrega del combustible desde afectará
todos los reglones de la vida nacional, y por encima de las limitaciones
que ello producirá, Castro quiere preservar al “ideólogo” del tenue
reformismo, mientras destina a otro el lidiar con los problemas diarios.
No es que Cabrisas esté mejor capacitado que Murillo. Si el primero ha
tenido éxito con el reordenamiento de la deuda es porque las condiciones
internacionales —y en especial el acercamiento con — ha
sido propicias para la negociación. Pero todo ese logro puede venirse al
suelo o resultar secundario si ahora el Gobierno cubano se queda de
nuevo sin dinero para pagar o adquiere otras deudas insolubles. Es como
empezar otra vez para llegar al mismo punto.
Murillo suele entrar y salir de la parte más visible de la escena
política cubana, pero esas apariciones no responden a un orden periódico
sino son más bien aleatorias, casi sorpresivas. En ocasiones se ha
especulado incluso que pudiera ser incluso el sucesor de Raúl Castro,
pero siempre produce más especulación que determina hechos. Y es posible
que quizá ese sea el papel que el gobernante cubano le ha asignado.
Lógico que ello ocurra, porque tras muchos de los planteamientos que
Murillo ha escenificado está un cuestionamiento más o menos explícito de
la doctrina de , que por décadas conformó un imaginario que
—por razones de complicidad, beneficios propios o simple inercia— aún
sobrevive en muchos funcionarios cubanos. Estos planteamientos se
resumen en la creación de riqueza y la obtención de guanacias, pero no
como un medio para satisfacer las necesidades siempre crecientes de la
población sino como objetivo en sí mismo. Y esto, simplemente, se llama
capitalismo.
Y ese capitalismo que requiere de un desarrollo económico constante es
imposible de desplegar en Cuba en las condiciones actuales.
Si como el ahora exministro ha explicado en diversas ocasiones, para que
los beneficios de un crecimiento sostenido lleguen a la mesa de los
hogares cubanos el Producto Interno Bruto (PIB) tiene que crecer de
manera sostenida un 5 % o 6 % durante varios años, con un PIB limitado a
un 1 %, como se ha reconocido ocurre en estos momentos en Cuba, lo que
se está experimentando en una contracción que lleva a los cubanos a
sufrir lo peor de dos mundos: el capitalismo y el socialismo, y en ambos
casos en su forma espuria.
Hay un dato importante que Murillo planteó en su última intervención en
la Asamblea Nacional de Poder Popular, pero que casi se ha pasado por alto.
Dijo Murillo, al referirse a los ingresos de los trabajadores, que
estaba prevista una afectación al salario medio en el sistema
empresarial, que debe rondar los 644 pesos de los 693 que preveía el
plan, según el diario Trabajadores.
Explicó que no puede haber ajustes en los planes económicos de las
entidades para mantener los pagos por rendimiento con montos similares a
los que estaban previstos a partir de una producción mayor. No es
posible vender menos y cobrar lo mismo, porque ese salario no tendría
entonces respaldo productivo, precisó.
Es decir, que quienes trabajen en empresas estatales verán este año una
reducción salarial.
Por supuesto que Raúl Castro puede terminar buscándose otro “zar de las
reformas”, y este es el peligro que enfrenta Murillo. Ricardo Cabrisas,
médico de profesión, ha sido llamado a paliar al menos los males
económicos cubanos. Solo que entonces cabe recordar aquel viejo dicho
del médico chino.

Source: Murillo o la ola castrista – Noticias – Cuba – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/murillo-o-la-ola-castrista-326030

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