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Voy pa’ La Rampa, a conectarme

“Voy pa’ La Rampa, a conectarme”
El desmedido entusiasmo de algunos cubanos es tan auténtico e ingenuo
que no sé si merece un aplauso o una nalgada
Viernes, julio 1, 2016 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba.- El desmedido entusiasmo que muestran algunos cubanos
ante las “novedades informáticas” de factura nacional resulta tan
auténtico e ingenuo que no sabemos si merece un aplauso o una nalgada.
Décadas de pobreza y desamparo tecnológico provocan que cada pequeña
innovación, por limitada e insignificante que sea, alcance categoría de
acontecimiento nacional… Y hasta internacional. No importa si en la
práctica ‘la cosa’ no funciona bien o si apenas cumple alguna función
práctica: en Cuba lo importante no es la cosa en sí, sino la ilusión que
proporciona la existencia de esa ‘cosa’.

Es lo que ocurre, por ejemplo, con las plazas públicas Wi-fi, que ya
cumplieron su primer año de existencia: son espacios callejeros
abiertos, sin las mínimas condiciones de confort y privacidad, resultan
sumamente caros, pecan de una conectividad precaria e inestable y, para
colmo, se han convertido en territorios urbanos donde frecuentemente se
producen asaltos para robar los teléfonos, laptops y tabletas a los
“internautas” (o quizás debiera decir “facebooknautas”, que en
definitiva Facebook es la red que más frecuentan los cubanos en esas
conexiones). Sin , el optimismo impenitente de algunos nativos de
esta ínsula no solo proyecta la ilusión popular de que “estamos
conectados a ”, sino que algunos incluso han elevado esos pobres
espacios a la categoría de paseos.

Muchos adolescentes —y otros no tan mozos— asumen como “una salida” ir
con sus amigos para conectarse a Facebook y contactar con otros amigos,
principalmente emigrados. La Rampa, en el Vedado, o las áreas aledañas
al Ambos Mundos, en La Habana Vieja, se cuentan entre los más
frecuentados por la juventud. “¿A dónde vas este sábado?”, pregunta un
jovencito a otro. “Voy pa’ La Rampa, a conectarme”. Es un diálogo que se
ha tornado común, al menos en la capital. En un país donde las opciones
recreativas para los jóvenes son casi nulas y las nuevas tecnologías de
la comunicación global están muy lejos del alcance de los hogares,
“salir” a conectarse es otra manera de escapar de la abulia cotidiana y
sentir que de alguna manera vivimos en la era de la informática.

Por eso se ha hecho habitual el espectáculo —no exento de su
correspondiente dosis de humillación— de individuos sentados en
cualquier parte, sea un sucio portal, una escalera o el contén de una
acera para poder “disfrutar” de una conexión inestable y con muchas webs
censuradas.

Porque si algo ha resultado ser demostradamente indestructible tras casi
60 años de cataclismo revolucionario es la capacidad nativa para crearse
ilusiones. Esa cualidad sui generis que algunos resentidos llaman
idiotez y los más benévolos definen como “optimismo intangible” no ha
pasado inadvertida para los señores del poder, así que —oportunistas por
naturaleza— la ponen a su servicio, creando el espejismo de la
informatización de la sociedad socialista al estilo Castro, cuyo rasgo
esencial es implementar sistemas que parezcan funcionales, pero que
nunca funcionan. Como la vida nacional misma.

Por ejemplo, unos años atrás se estableció el pago con tarjetas
magnéticas en varias tiendas recaudadoras de divisas (TRD), con la
utilización de las Terminales de Punto de Venta (TPV) en las cajas
contadoras. Sin embargo, hasta la actualidad es frecuente que las
tarjetas de los clientes “no pasen”, aunque tengan fondos suficientes,
ya sea porque “se cae el sistema” que conecta con el banco, o porque
simplemente “no hay señal”. En consecuencia, la intención de
“informatizar” el sistema de pago de las compras en estos comercios
para agiliza el proceso y evitar molestias a los clientes muchas veces
logra el efecto contrario, al producirse embotellamientos en las cajas y
demoras para todos.

Lo mismo sucede con el cobro de pensiones en los cajeros automáticos. El
jubilado acude presuroso y puntualmente a cobrar su pensión. Acuciado
por las necesidades cotidianas, introduce su tarjeta magnética lleno de
ansiedad, pero muchas veces no puede cobrar porque el cajero no tiene
fondos: el sistema bancario no ha realizado el correspondiente depósito
a tiempo, aunque suele ser muy puntual cuando se trata de recoger las
recaudaciones de las tiendas. “No podemos atender su solicitud”, informa
impertérrita la pantalla del cajero, y el anciano se retira desolado a
esperar otro día más sin el dinero que le pertenece y pensando que es la
tecnología la que ha fallado. “Si fuera como antes, con la chequera,
hacía la cola del banco pero me iba con mi dinero”, les he escuchado
decir más de una vez a estos jubilados frustrados.

Pero, como de alguna manera hay que justificar la utilidad social de las
sucesivas promociones de egresados de la de Ciencias
Informáticas (UCI), más recientemente han surgido ciertas “novedades”,
fruto del emprendimiento tecnológico local, para aplicar al comercio. Es
el caso de Checkprod, una aplicación cubana para móviles con sistemas
iOS y Android, introducida en el mes de mayo y destinada a la
verificación de los precios de los productos en las TRD, siempre que
éstas cuenten con una conexión Wi-fi activa, lo cual determina que dicha
aplicación solo funcione hasta el momento en la tienda de 3ra y 70,
Miramar, en la capital de la Isla.

Otra nueva aplicación local para telefonía móvil de sistema Android
responde al poco comercial título de “Buró informativo TRD Caribe”, y
fue creada por un informático de dicha empresa estatal en la provincia
de Holguín. Esta otra “novedad”, que funciona a través del Nauta,
pretende informar sobre la localización y precio de los productos de
interés para el cliente que la utilice, evitándole las habituales
peregrinaciones que suelen emprender los cubanos en la búsqueda —muchas
veces infructuosa— de un artículo particular. Es sabido que en Cuba la
carestía endémica hace que cualquier producto de primera o última
necesidad pueda desaparecer súbita y prolongadamente de los estantes de
los comercios.

De esta manera, supuestamente, esta especie de “aplicación del
desabastecimiento”, como la ha definido un amigo que supo de su
implementación, ahorra tiempo y dinero al cliente… Aunque al final del
día el objetivo de llevar determinado alimento a la olla no se cumpla.
El magro consuelo, en este caso, puede ser que quizás en el mercado no
hay el producto que usted pensaba comer, pero al menos no habrá perdido
el tiempo y las energías en buscarlo. Y encima hay quienes consideran
esto un gran avance tecnológico.

Y mientras el ilusionismo tecnológico cubano va en crecimiento, la
caprichosa realidad nacional impide el éxito de tanto derroche de
talento innovador. Obviamente, los fanáticos de la informática han
olvidado ciertas leyes no escritas que responden al estado de
supervivencia que se impone en Cuba y que afecta todas las esferas de la
existencia, en especial la relacionada con la economía y la
administración de los recursos.

Por ejemplo, el simple hecho de mantener actualizadas las bases de datos
sobre las existencias de determinados productos en los anaqueles y
almacenes de los comercios estatales, no solo depende de un disciplinado
y metódico sistema de actualización, sino que atenta directamente sobre
la capacidad de desvíos (robos) y de otros cambalaches que benefician a
los encargados de administrarlos. Una ecuación económica esencial que se
aplica a rajatabla en la Isla es: a mayor descontrol, mayores ganancias
de la administración. Por tanto no es probable que un administrador o
directivo comercial de cualquier establecimiento tenga el menor interés
en mantener actualizados los listados de productos bajo su control,
puesto que ello limitaría gravemente sus posibilidades de ingresos
personales, en un país donde absolutamente nadie podría vivir
dependiendo de un salario, en especial si es un empleado estatal.

Todo esto, sin mencionar que si en verdad en Cuba estamos abocados a una
avalancha de turistas extranjeros que presuntamente serán otros tantos
consumidores en los comercios locales, es oportuno recordar que ellos
proceden mayoritariamente de sociedades de consumo altamente
informatizadas, donde existen aplicaciones tan globalmente exitosas como
Yelp, o sistemas de geo localización que simplifican con toda eficiencia
las gestiones comerciales en sus lugares de procedencia. No creo que los
cubanos estemos precisamente a la altura de tales desafíos, salvo que la
aspiración final sea solo cumplir el rol de indios con levitas.

Luego, sin ánimo de restar méritos a la capacidad creadora de nuestros
informáticos o renegar de la competencia local para asimilar las
posibilidades y usos de las nuevas tecnologías, de lo cual no hay por
qué dudar, no comparto el entusiasmo general por estas “novedades” que
en definitiva constituyen una ‘tecnologización de la escasez’.

Creo, sin embargo, que es un buen momento para que todos asimilemos otro
principio básico: es imposible lograr éxitos (también) en materia de
tecnología en ausencia de libertades ciudadanas. Mientras todas las
esferas de la vida del país, incluyendo el comercio y la
informatización, estén bajo control del Estado-Partido-Gobierno,
cualquier intento de insertar las nuevas tecnologías de la informática
en la vida nacional estará condenado al fracaso o a la obsolescencia.
Tras décadas de experimentos y descalabro de un sistema socioeconómico
fallido han dejado suficientemente demostrado que sin libertades no hay
progreso.

Source: “Voy pa’ La Rampa, a conectarme” | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/voy-pa-la-rampa-a-conectarme/

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